Sebastián Álvaro: «Los aventureros han sido sustituidos por youtubers e influencers»

Sebastián Álvaro, junto a su retrato, charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas
Sebastián Álvaro, junto a su retrato, charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas

Decía Ernst Jünger que «hay un grado de asombro que expulsa el miedo». Quizá de esa relación entre el temor y la fascinación nace toda aventura. Como Ulises, que rechaza las promesas de inmortalidad de Calipso para aventurarse en su vida finita, el aventurero acepta la mayor de las incertidumbres, que es la que remite a nuestra condición mortal, haciendo suya aquella exhortación de Píndaro: «Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible».

El modo en que esta disposición del espíritu anida en el alma de algunos hombres hasta desbordarla es aún misterioso. Es a ellos a quienes, por suerte o por desgracia, debemos buena parte del desvelamiento del mundo. ¿Qué encuentra el aventurero en esa incertidumbre que no halla en la seguridad del hogar? El Ulises de Dante se confiesa así: «Ni la ternura por mi hijo, ni la piedad por mi anciano padre, ni el amor debido que debía alegrar a Penélope pudieron vencer en mí el ardor que tuve de conocer el mundo y los vicios humanos y el valor».

Como para todas las preguntas importantes, la razón no basta. ¿Qué fuerzas interiores mueven al aventurero? A veces es la visión galvanizante de una montaña lejana, inexpugnable; otras, el horizonte tedioso de las estepas infinitas, o la cólera del mar embravecido: «A mí me atormenta una comezón perpetua por las cosas remotas», dice Ismael antes de embarcarse en el Pequod. Pero casi siempre es, primero, una historia oída en la infancia. Toda aventura, como dirá nuestro protagonista, exige un relato.

Durante tres décadas, Sebastián Álvaro llevó la aventura a los hogares españoles como no se había hecho antes ni se ha hecho después. Periodista, alpinista y escritor, creó y dirigió en Televisión Española Al filo de lo imposible. Ha organizado y dirigido más de doscientas expediciones y cuenta en su haber con unos trescientos cincuenta documentales. Con el equipo del programa filmó las ascensiones a los catorce ochomiles, las travesías a ambos polos y hasta el cruce de los Andes en globo. En la montaña perdió numerosos amigos. A ella ha dedicado también buena parte de su obra escrita. 

Con Sebas, como le llaman sus amigos, conversamos sobre el peligro, la belleza, la infacia y la libertad, que, si bien no son lo mismo, tampoco son completamente distintas.

Sebastián Álvaro charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas
Sebastián Álvaro, junto a su retrato, charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas

El sentido de la aventura

«La aventura no es algo que hayamos inventado ahora», señala Sebastián Álvaro, con quien charlamos en la mítica librería madrileña Desnivel. «No debe de ser casualidad que algunos de los grandes libros clásicos de la historia de Occidente sean viajes de aventura. Lo es la Odisea y lo es el Quijote». Su propia biografía participa de esa relación entre la lectura y la experiencia: «Para mí, la aventura es acción, pero al mismo tiempo implica siempre un relato. Yo me hice aventurero leyendo los tebeos del Capitán Trueno, pero igual les ha ocurrido a otros leyendo la Odisea, el Quijote, cualquiera de los libros de Conrad o El sueño de África, de Javier Reverte».

Pero entre imaginar una aventura y vivirla media la decisión de exponerse al peligro. «La aventura siempre tiene que estar relacionada con la incertidumbre y el peligro. La valentía es la única virtud que nos permite entrar en acción, pasar por encima de nuestros miedos». «El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo», que diría Saint-Exupéry. Desde esa concepción observa con reservas la transformación del aventurero en una figura de las redes sociales: «En buena medida, los aventureros y exploradores han sido sustituidos por youtubers e influencers. A mí me parece que en ese camino se ha perdido la propia esencia de la aventura».

Esa experiencia, además de vivirse, se transmite. «La aventura se escucha o se lee, se vive y se cuenta. Yo he aprendido de la gente que nos precedió. La pulsión aventurera se encuentra en el Quijote, en la Odisea, en Walter Bonatti o en las grandes exploraciones a los polos». Cuando se trata de concretar lo aprendido, Álvaro lleva la reflexión al terreno de los valores: «¿Y qué me ha enseñado a mí? A ser honesto conmigo mismo. La aventura excluye por definición la mentira, el intento de engaño, porque solo te estarías engañando a ti mismo».

La presencia de la muerte convive en su relato con un deseo muy concreto de regresar. «Toda mi vida he estado manejando la gestión del riesgo, haciendo cosas peligrosas de las que quería volver a casa. Yo quería volver con mi mujer y con mi hijo». Cuando emprendas tu viaje a Ítaca…

La aventura excluye por definición la mentira, el intento de engaño, porque solo te estarías engañando a ti mismo

Sebastián Álvaro charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas
Sebastián Álvaro charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas

Hacer aventura en español

Mucho antes del desierto del Taklamakan, los ochomiles y los remotos paisajes polares, estuvieron los tebeos. Al volver sobre el origen de su vocación, vuelve también a su madre: «Mi madre fomentó en mí lo más importante que podemos tener, el mejor invento que ha descubierto el ser humano: la lectura. Me enseñó a leer, pero además propició que yo quisiera seguir leyendo, en este caso con los cómics, con los tebeos, cuando tenía seis años». A ese primer impulso se sumaron después las recomendaciones de otros: «El camino de la lectura es un camino siempre largo, en el que te vas enriqueciendo. Muchas veces tiene que ver con aquellos amigos mayores que me dijeron: “Lee esto y no esto otro”».

Ahora ocupa ese lugar ante sus nietos: «A ellos ya les he leído la Odisea. Hay una versión para niños y se han quedado prendados. Se puede rescatar un clásico como la Odisea porque es, al final, el principio de todos los relatos de viajes».

De entre los viajes que han cambiado la historia, Álvaro concede un lugar especial a la primera circunnavegación del globo, con sello español. «Fue la aventura más trascendental de todos los tiempos por las implicaciones que tiene, porque el mundo a partir de entonces cambia». También aquí aparece el deseo de regresar: «Magallanes nunca tenía pensado dar la vuelta al mundo. Es Elcano quien, en un arranque de genialidad, se da cuenta de que esa es la única forma que tiene de volver a casa».

La primera vuelta al mundo fue la aventura más trascendental de todos los tiempos

La trascendencia que atribuye al viaje tiene que ver con las relaciones entre pueblos y territorios. «Los océanos, que hasta entonces son fronteras, de repente se convierten en autopistas de navegación, de circulación, con todo lo que ello implica. Los imperios se hacen marítimos y globales, y se ponen en relación países, culturas y religiones que no se conocían hasta entonces».

«¿Cómo es que no hay una sola película decente sobre esta hazaña?», le pregunto. A juicio de Álvaro, los españoles se han ocupado más de acometer sus empresas que de defender la memoria de lo realizado: «Hemos sido más austeros, más honestos y más coherentes con todo lo que hemos hecho». «Esa es una de las razones por las que los españoles nunca combatieron la leyenda negra hasta nuestros días: hicieron lo que debían hacer en América, mientras que anglosajones, franceses, italianos y holandeses se dedicaron a inventar una historia que no existió en la realidad».

Sebastian Álvaro en la Librería Desnivel
Sebastián Álvaro charlando con La Controversia, en la librería Desnivel / Santi Vilas

La decadencia de la televisión pública

Le pregunto por Al filo. Mi generación no ha tenido la suerte de crecer con esa televisión pública. ¿Por qué? «La sociedad española estaba ávida de contenidos así. Televisión Española tenía productores eficientes, creadores de contenidos inteligentes y personas valientes que se atrevieron a hacer eso».

Álvaro sitúa el programa junto a otros proyectos de aquella televisión: «Al filo fue un milagro dentro de la televisión pública. Pero en ese momento estaban El hombre y la tierra, A vista de pájaro… Al mismo tiempo hacíamos dos obras dramáticas cada semana: un Lope y un Calderón. Hoy —añade con sorna— tenemos tertulias, tenemos MasterChef y todo lo que lo rodea en las otras televisiones».

¿Y ahora? «Hace tiempo que me retiré de las teles y me dedico a ver cosas que me interesen. La influencia que tuvo aquella televisión en la opinión pública y en la sociedad de ese momento propició probablemente el mejor momento de nuestra historia, a nivel económico, democrático y civilizatorio».

Televisión Española tenía productores eficientes, creadores de contenidos inteligentes y personas valientes

Le pido una última reflexión, ya fuera de cámaras, para las generaciones venideras:  «que vivan aventuras... que vivan, en definitiva». 

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