‘The discovery’, la filosofía y el amor

Fotograma de la película 'The Discovery' (2017)

¿Qué sentido tiene la vida? Es probablemente uno de los mayores debates filosóficos que los grandes pensadores se han hecho. En contraposición a esto, ¿alguna vez nos hemos preguntado qué sentido tiene la muerte? Si vivimos con un propósito, ¿morimos también con un propósito?

Estas preguntas, entre otras, son las que han estado pululando en mi cabeza después de ver la película «The Discovery». Tras la ficticia historia que se narra se esconde un gran trasfondo filosófico que, me atrevo a decir, abarca términos platónicos como la transmigración de las almas y la teoría de la reminiscencia.

Dejad, en primer lugar, que os cuente la sinopsis: «Un científico que demostró la existencia del más allá continúa investigando, a pesar de la ola de suicidios que causó, mientras su hijo cae en brazos de una mujer que tiene un pasado traumático». Leyendo esto nos podemos quedar algo indiferentes, pero ahora entraré en más detalle. He de alertar de SPOILER.

Vamos a ir analizando poco a poco la película. Al principio Thomas Harbor, científico que consigue demostrar que hay vida después de la muerte, está siendo entrevistado. La entrevistadora le pregunta si se siente culpable de las muertes que este descubrimiento ha ocasionado, ya que el índice de suicidio es más alto que nunca al saber que tras la vida les espera «algo». Él responde con un rotundo NO. Uno de los trabajadores que televisaba la entrevista se levanta, agarra una pistola y, dándole las gracias a Thomas, apunta a su sien y dispara en plena grabación; los ojos del científico miran al horizonte, vacíos. Tal vez, sí llegara a sentir, en el fondo, ciertos remordimientos. Aquí nos podemos plantear el primer debate de la película: el suicidio.

Si tuviéramos la certeza de que existe vida después de la muerte la elección del suicidio nos parecería tan descabellada. Para ciertas religiones, que tienen sus propias teorías sobre el más allá, el suicido siempre queda descartado, pues Dios es dador de vida y el único que debería quitarla ―esta es la razón por la que el suicidio se convierte en algo pecaminoso. En torno a la filosofía, lo abarcaba de pleno Albert Camus en El mito de Sísifo y atendiendo a que el suicidio no es la solución por más que creamos que esta vida es, como lo llamaba él, absurda y parafraseándole en el final de esta obra: «Hay que imaginarse a Sísifo feliz». También Schopenhauer, así como muchos otros, abarcó en su obra el tema del suicidio.

Bien, nos han inculcado desde siempre que es pecaminoso y hay que evitar caer en esta tentación por más que nuestra vida nos pueda parecer agotadora y absurda. Esto, sobre papel y hace siglos, es fácil de decir e in-cluso de aplicar, pero a día de hoy, o en el futuro que se plantea ¿si real-mente tuviéramos esa certeza de vida? ¿Si tuviéramos otra oportunidad para vivir, lo haríamos? Está demostrado que hay existencia pero ¿dónde?

Siempre he dicho que una de las cosas que dan sentido a la vida es la muerte, pues sin esta no tendríamos prisa por vivir, pero aquí se cuestiona la moralidad propia de la vida y de la muerte y la posibilidad de ir a un lugar mejor, o eso se espera, pues hasta el final de la película no se ofrecen datos exactos del lugar concreto a dónde van las almas.

Will es neurólogo. Cuando era niño estuvo a punto de morir y le contó a su padre que vio una luz, una especie de señal del más allá. Esto impulsó a su padre a trabajar en dicho experimento, hasta el punto en que su trabajo se convirtió en su única preocupación, descuidando incluso su vida matri-monial. Su mujer, en la noche de aniversario, se quitó la vida; quizás por esta razón trabajó con tanto ahínco, para saber si su mujer le esperaba en otro lugar.

Nos encontramos a Will en un ferry. Ahí conoce a Isla, una atractiva chica de la que acaba enamorado ―pese a la tipicidad de las historias de amor peliculeras y su contexto romántico y dramático, esta, en cuestión, no me ha desagradado. En el barco mantienen una conversación muy interesante sobre la vida y la muerte. Will le explica que una vez diagnosticaron a una paciente muy joven un tumor cerebral, para él una lástima; para ella, una nueva oportunidad, y todo esto porque el descubrimiento lo hace creer así. Isla responde diciendo que «solíamos creer que la muerte era algo espantoso y ahora sabemos que es una forma de escapar del dolor». El debate gira en torno a la realidad y la fantasía que, según Will, son excluyentes y no existen en el mismo espacio por lo que, bajo ningún concepto, aprueba el suicidio como solución a los problemas.

Una vez bajan del ferry se reúne con su hermano, quien le lleva a una mansión en la que se encuentra su padre junto a un grupo de personas a las que, en cierta forma, ayudó a salvar del suicidio. Empiezan a vislumbrarse comportamientos un tanto extraños, como saber en qué habitación iba a dormir sin haber estado nunca ahí (lo veremos más adelante).

Un día se encuentra en una playa, mirando al horizonte, cuando ve a Isla dirigirse al agua con una mochila llena de piedras para suicidarse. Este corre en su ayuda. La rescata y la lleva con él a la casa. Empieza a forjarse la historia romántica que tanto ha sido criticada, a mi parecer una bonita historia.

Thomas y su equipo, en los que estaban presentes ambos hermanos e Isla, experimentan con un cadáver intentando monitorizar actividad cerebral. Will, previamente, había desconectado la máquina saboteando el proyecto y haciéndoles creer que no había funcionado, pero al enchufarla de nuevo puede ver unas imágenes de un hospital. Empieza con sus pesquisas pensando que eran los recuerdos del difunto pero con la ayuda de Isla con-sigue ver que en realidad es otro plano de existencia paralelo a la nuestra en el que el individuo consigue enmendar los errores del pasado. Como una vuelta a la vida. Esto cambia todo pues en el descubrimiento se demostraba la vida después de la muerte pero no dónde. Cuando lo comparte con su padre deciden destruir la máquina. El hombre y la necesidad imperativa de querer enmendar sus errores le haría sucumbir más aún en el suicidio.

Sin entrar en muchos detalles, uno de los individuos de la casa dispara a Isla hiriéndola de muerte. Will, perplejo ante lo ocurrido, decide ir a la máquina antes de destruirla por completo y provoca su propia muerte. En un estado aún no yacente vuelve al ferry, recordando todo y reencontrándose con Isla. Ella le dice que es el recuerdo de su subconsciente; mientras, él escucha la voz de su padre y su hermano intentando reanimarlo. Isla le explica que estaba muerto. Ha vivido diversas vidas en planos existenciales para salvarla del suicidio, siempre volviendo al ferry en una especie de bucle, pero nunca lo ha conseguido salvo esta vez, que pese a haber muerto, no ha sido motu proprio. Él, al principio, no consigue recordar sus vidas anteriores e Isla le dice: «nadie puede recordarlas, pero a veces conseguimos que algunos recuerdos salgan a la luz». Le pasa un fárrago de imágenes pasadas a la cabeza ―de una forma que rebobina lo ocurrido en la película y quiere saber qué tiene que cambiar para salvarla, a lo que Isla manifiesta que hay muchas formas de salvar a alguien. En este momento Will muere e Isla se despide de él. Will e Isla tomarán caminos diferentes. Entona, antes de morir, una frase: «Cuando llegue allí, me voy a acordar de ti» y acaba la película estando él en la playa y salvando al hijo de Isla que habría muerto de no ser por su ayuda. Se miran a los ojos y cuando se van, Will torna la mirada. De este modo hace creer al espectador que, en efecto, ha recordado su vida anterior y la relación que mantuvieron. Un final algo abierto pero entendible.

Ahora bien, ¿a qué me refería al principio de la reseña con que abarca términos platónicos? Podemos ver a lo largo de la película cómo Will ―en el caso de la habitación, por mencionar uno― recuerda ciertas cosas sin saber por qué. Un déjà vu para que nos entendamos, o en términos filosófi-cos la teoría de la reminiscencia en la que Platón explicaba la dualidad del cuerpo y el alma, y que adquirir conocimiento es recordar lo que el alma sabía antes de caer, otra vez, al mundo sensible para quedar aprisionada en el cuerpo, que para Platón es la cárcel del alma.

En cuanto a la trama romántica que engloba la película no tengo absolutamente nada que objetar ―pese a haber leído críticas muy destructivas acerca de esto― me parece una forma de mostrar al espectador el sentimiento tan importante que es el amor en nuestra vida y lo que seríamos ca-paces de hacer por la persona que amamos.


ISMAEL MATEO