La raíces judías de la conciencia del tiempo de Husserl

El pensamiento de Husserl está impregnado por un torrente de doctrinas filosóficas, especialmente de la Modernidad, pero también de ideas religiosas, especialmente del judaísmo. Husserl nació bajo el seno de una familia judía y, aunque nunca fue abiertamente prácticamente, el despliegue de su trabajo intelectual se vio implícitamente tocado por algunas nociones hebraicas, como es el caso del tiempo.

San Agustín, ya en el libro XI de sus Confesiones se preguntaba “¿qué tema hay más familiar y manido en nuestros comentarios y conversaciones que el tiempo? Cuando hablamos de él sabemos, sin duda, qué es, como sabemos y entendemos lo que es cuando lo oímos de labios de otro. ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me pregunta, no lo sé.” (1) El tiempo es, sin duda, una inquietud para todo aquel que procure resolver la naturaleza de lo que acontece. Incluso Husserl, varios siglos después de Agustín, advierte su complejidad: “el tiempo es […] el nombre de una esfera de problemas perfectamente cerrada y una esfera de excepcional dificultad.” (2)

Aquí nos interesa una determinada noción de tiempo (3), el tiempo fenomenológico, que es el que transcurre en la inmanencia de las vivencias de la conciencia. El tiempo, para Husserl, es un fluir que sirve de hilo para tejer todas las vivencias y hacer de ellas una sucesión que se da en un mismo espacio: la conciencia. “Toda vivencia real es necesariamente una vivencia que dura; mediante esta duración se inserta en un continuo sin término de duración –un continuo lleno.” Se trata, pues, de un continuo que no conoce la fragmentariedad de las estaciones pasadas y futuras que puede experimentar una vivencia. Toda vivencia se recrea en la conciencia como siendo infinita, lo que hace que lo pasado siga presente, pero con un tono oscurecido –sin marco de intencionalidad–, y lo futuro esté como un presente, pero expectante. Todo mi mundo, tanto pasado, como presente y por venir, lo tengo presente en mi percepción del mundo; todas mis vivencias me acompañan en mi campo de intuición. El tiempo de la conciencia no se puede medir con el tiempo físico ni tampoco en el espacio. El tiempo en el que transcurren las vivencias le pertenece a la conciencia y no tiene vínculo alguno con el tiempo que interesa a los científicos.

La permanente presencia de las vivencias en el ahora permite una narración que actualiza todo el pasado. Todo aquello que sabemos sin necesidad de recurrir constantemente a ello es lo que constituye el mundo de la vida, la Lebenswelt. Este es el tiempo judío: el perpetuo devenir que no conoce fijaciones espacio-temporales. Husserl hizo de sus oscurecidas raíces judías una filosofía fenomenológica, y sin querer, sumamente religiosa. El Talmud se sitúa en la misma dificultad agustiniana y husserliana de decir el tiempo. “La continuidad hace lucir, en nuestras percepciones del mundo, nuevos horizontes; interrumpe el determinismo de una lógica de la anticipación y permite el hallazgo de un camino que nos extravía en vez de conducirnos con seguridad hacia una tema.” (4) Todo lo que acontece en un perenne ahora, los judíos lo denominaron tiempo talmúdico, tiempo que se produce (5) y se construye, tiempo que no es dueño de sí mismo, sino de quien lo vive.

LAURA PERDOMO


(1) San Agustín, Confesiones, Madrid, BAC, 2013, p. 392

(2) Edmund Husserl, Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Madrid, FCE, 1985, p. 192

(3) San Agustín diferencia cuatro tipos de tiempo, a saber, tiempo psicológico, tiempo físico, tiempo moral y tiempo histórico. Husserl, por su parte, sólo menciona dos, tiempo cósmico (tiempo físico) y tiempo fenomenológico (podría asociarse con el tiempo psicológico, pero con sus debidos matices)

(4) M. Ouaknin, Elogio de la caricia, p. 148

(5) La noción de un tiempo construido permite el libre juego de la imaginación en la memoria, haciendo que cada recuerdo de una vivencia se halle en lugares atemporales. Un vívido recuerdo de la niñez puede ser una ficción o estar ordenado en la memoria en otro tiempo distinto al que en efecto sucedió.

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