Análisis del informe sobre la pedofilia del Gran Jurado de Pensilvania

El sacerdote José Antonio Fortea reflexiona sobre el informe emitido por el Gran Jurado de Pensilvania acerca de los abusos sexuales a menores cometidos en seis diócesis del estado por religiosos de la Iglesia Católica.


 

Mi opinión sobre la pedofilia es exactamente la misma que la del Papa Francisco. Dado el respeto que tengo a la inteligencia de mis lectores, no considero necesario dedicar varios párrafos a repetir lo que he dicho sobre un asunto que ya he tratado en el pasado [así lo ha hecho en sucesivas ocasiones en su blog]. Tengo el mayor respeto por las víctimas de esos delincuentes.

¿Es tan importante un gran jurado?

Este informe del gran jurado consiste en una veintena de ciudadanos escogidos al azar que se han dedicado a leer casos y han podido escuchar a las víctimas. El informe no revela nada nuevo, no ha descubierto nada que no supiéramos. La magnitud del problema se descubrió en la infinidad de juicios en que esos casos fueron analizados uno a uno.

Hechos frente a suposiciones

El informe en su introducción se permite varias veces lanzar dudas acerca de si las cosas realmente han cambiado en la Iglesia Católica. Varias veces afirma que no tiene claro esto.

En un único momento parece reconocer algo positivo diciendo: We recognize that much has changed over the last fifteen years. “Mucho” no es justo, la actuación de la Iglesia entera sobre este tema ha cambiado radicalmente. Decir “mucho” no es justo.

Y menos todavía cuando más adelante el informe se permite ponerlo en duda: It appears that the church is now advising law enforcement of abuse reports more promptly. “Parece”, vaya, muchas gracias.

Al final de la introducción, claramente afirman que respecto a la actuación de la jerarquía de la Iglesia en la actualidad the full picture is not clear.

El informe es tendencioso

El informe no tiene razón en sus conclusiones cuando hace afirmaciones contra la jerarquía de la Iglesia en la actualidad y menos todavía cuando el fiscal general del Estado de Pensilvania en su discurso de introducción, larguísimo, se presenta sin decirlo abiertamente como el que tiene que venir a solucionar la situación.

Solo hay que ver que el informe trata casi todo el tiempo de casos anteriores al año 2002. Apenas hay casos después de ese año.

El informe tiene dos partes: los casos y las conclusiones de la introducción. En su introducción no tiene razón al lanzar esas veladas y no tan veladas acusaciones sobre los obispos en la actualidad.

[Ver más:  El contexto del informe del Gran Jurado de Pensilvania]

Contextualizando

En cualquier caso, 300 sacerdotes acusados durante 70 años significa 4 culpables por año. Si tenemos en cuenta que de los 12 millones de habitantes de Pensilvania el 24% son católicos, eso significa que hay 4 millones de católicos. 4 casos por año durante 70 años, significa que ha aparecido cada año un nuevo cura pedófilo por cada millón de católicos. Y eso suponiendo que todos los casos de denuncia sean verdaderos.

Por supuesto que un solo caso de pedofilia es algo que debe ser castigado por la Ley. Por supuesto que cada vez que un obispo no hizo lo que debía al manejar estas denuncias es, por lo menos, moralmente reprobable en grado terrible. Por lo menos eso.

Pero si tenemos en cuenta los datos integrales, nos damos cuenta de que la información que se nos está dando resumida es bastante distinta si la contextualizamos.

La prevalencia

He estado mirando diversos artículos acerca de cuál es la prevalencia del abuso sexual de menores en Estados Unidos. Podéis leer muchos artículos serios. Varios estudios varían entre el 15% y 25% de las mujeres, y del 5% al 15% de los varones.

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que, en 2005, por ejemplo, se sustanciaron en los tribunales de Estados Unidos 83.600 casos. Esa es la cifra solo de los que se sustanciaron a nivel judicial. Para ahorraros citas y citas, podéis ver el artículo “Child sexual abuse” de la Wikipedia. Pero fácilmente podéis encontrar otros muchos artículos académicos.

Vamos a ver, que se haya afirmado que el más grande escándalo de pedofilia de Estados Unidos (el descrito en el informe de este gran jurado) es ese, no lo dudamos. Porque si comparamos el ratio de la población en general respecto a abuso sexual de menores y lo comparamos con el ratio de prevalencia de casos de sacerdotes pedófilos, los resultados son tan claros que no merecen mucho comentario. Lo repito, en un país con esa estadística de abuso, lo cierto es que ha habido un nuevo sacerdote culpable por año y millón de católicos. Insisto me parece que ya está todo dicho y que no merece añadir más.

La carrera electoral del que ha organizado todo

Josh Sapphiro, el fiscal general del Estado de Pensilvania, es elegido por los votantes para ese cargo. Tiene que presentarse a elecciones frente a otros contrincantes. Le venía muy bien aparecer, y aparecer mucho, en algún tipo de cruzada, y mejor lacrimógena, consolando a las víctimas. Sabía muy bien que si lo lograba, su reelección estaba asegurada.

Y escogió precisamente este asunto porque no le podía provocar ningún susto. Yo no hubiera pensado mal de ese funcionario público sino fuera porque todo este asunto, desde el principio, desde el minuto cero, ha sido pensado, ideado y proyectado como un gran espectáculo mediático.

Y muchos se lo hicieron ver cuando él quiso involucrar al Papa Francisco para que le escribiera apoyándole. También hubo juristas que le quisieron hacer ver que el mismo proceso estaba viciado en sus propósitos y en las propuestas que él extraía. Pero sobre ese punto no me voy a alargar, porque si no el post será inacabable. Me limitaré a mencionar que lo que ya colmó el vaso fue la puesta en escena final. Su discurso, el discurso que tenía que consagrarle como héroe, no es el discurso de un neutral servidor de la Ley, sino el de alguien que usa una cruzada para beneficio de su propia imagen.

Todo este asunto, desde el principio, ha sido pensado, ideado y proyectado como un gran espectáculo mediático.

Conclusión

Tenemos delante de nosotros una “investigación” que no nos ha revelado nada nuevo. Hemos contemplado silenciosos un empleo de recursos humanos (el mismo fiscal general mismo lo reconoció) y un gasto de dinero de los contribuyentes para hacer un papel sin ninguna consecuencia jurídica, sin ninguna repercusión penal. Las futuras víctimas seguían igual de protegidas antes que después de ese papel. La misión de un fiscal general es perseguir a los culpables, no embarcarse en cruzadas para la televisión.

La Iglesia, en los años pasados, fue humillada (con razón) en cada juicio de pedofilia. Juicios de los que fueron puntualmente informados los ciudadanos paso a paso. Cada juicio dio para muchos noticiarios, para muchas declaraciones de las víctimas en infinidad de documentales. El clero fue humillado, pagó y cambió. Los condenados fueron sentenciados a prisión. No había NINGUNA razón para que un funcionario público, como un fiscal general, decidiera juntar todos los casos sin ningún propósito penal, solo para avergonzar y deshonrar.

¿Qué hacer?

La opinión de la población mundial está tan en contra que muchos obispos y sacerdotes piensan que es mejor unirse a la condena general y abandonar cualquier deseo de matizar. Es como decir: Cualquier cosa que hagan o digan, estará bien. Digan lo que sea, me uno.

¿Lo critico? Sinceramente, creo que no queda otra alternativa. Los “otros” están buscando poner cara a algún enemigo, para lanzarse.

Ahora bien, tengamos en cuenta que este espectáculo de grandes jurados, de puestas en escena, de discursos de gobernadores, senadores y servidores de la Ley respecto a la Iglesia Católica puede repetirse Estado tras Estado. Y después todo se puede reunir en otra gran ceremonia para presentar un informe final a nivel nacional. Y, a cada paso, “nuestros amigos” van a pedir más medidas, más acciones concretas, más mecanismos de constricción particularmente diseñados para la Iglesia.

Y estos autos de fe pueden repetirse país tras país. Y, en su etapa penúltima, pedirán la cabeza de los que están en Roma en lo alto de las congregaciones. Pedirán que se presenten a declarar, exigieran los documentos de las congregaciones romanas, presentarán órdenes internacionales de busca y captura. Esta espiral puede que no haya hecho más que empezar.

Acabo como empecé el post: una cosa es nuestra condena de la pedofilia y otra muy distinta es el huracán que se puede estar formando.

JOSÉ ANTONIO FORTEA


Este artículo fue publicado por José Antonio Fortea en su blog el viernes 17 de agosto de 2018 bajo el título Mi “informe” sobre el informe sobre la pedofilia del gran jurado de Pensilvania. Lo reproducimos aquí con su permiso.

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