La nueva lengua

The Old Norwegian Homily Book, AM 619 4to, fol. 56v / Den Arnamagneanske Håndskriftsamling, København

Para algunos, aprender un idioma extranjero es un completo dolor de cabeza: memorizar conjugaciones, aprender nuevos modelos de sintagmas, descifrar acentos para atinar palabras; en fin, implica re-aprender a hablar y a leer el mundo. Para otros, en cambio, parece ser un ejercicio mucho más sencillo, o al menos parecen tener cierta docilidad lingüística para asimilar con mayor fluidez.

Lo cierto es que aprender una lengua nueva no es tarea de superdotados ni tampoco de tontos. Hace unos pocos meses me propuse aprender italiano por mi cuenta, pero quise probar un método distinto al que suele utilizarse cuando se opta por conocer un idioma a través de cursos y programas especializados. Tradicionalmente, se cree que es preciso empezar por la gramática y, eventualmente, se comenzarán a adquirir las destrezas necesarias para comprender y dominar el idioma.

No hay nada más lejos de la realidad. Empecé a estudiar italiano por el método natural: escuchar, repetir y hablar (con errores, claro está). Así es como se instruye un niño en su lengua materna, escuchando cuando le hablan, observando cómo las palabras denotan objetos y repitiendo cuanto escucha y observa. La gramática, por el contrario, es para los estudiantes y los especialistas. Las lenguas están vivas y les pertenecen a sus hablantes. Conocer una nueva lengua implica resemantizar el mundo, volver a significar lo que nos rodea, dar distintos nombres a lo ya conocido. En mi caso, el italiano, entre otras tantas cosas, me ha hecho percibir el mundo de una forma más estética, más sensual, porque, a diferencia del español, las cosas no son buenas, sino bellas,la música no es buena, sino bella; las experiencias, en general, no son buenas, son bellas.

Una nueva lengua involucra deshacer las barreras lingüísticas y hacer de los objetos que constituyen el mundo flatus vocis, nombres vacíos, para volver a llenarlos con cosmovisiones distintas, con culturas diversas. Conocer un idioma es también conocer una idiosincrasia, una cultura, con sus costumbres, su historia, sus formas. Insomma, aprender un idioma no es sólo dominar el habla y conocer su estructura morfosintáctica, es habitar una nueva forma de ver el mundo.


LAURA PERDOMO