Napoleón a través de la música de Beethoven

Napoleón Bonaparte , ¿dictador o libertador? ¿Liberal o tirano? Es esta una de las mayores disyuntivas en materia histórica. No existe un consenso, ni siquiera entre historiadores solventes y profesionales, sobre cómo calificar al pequeño corso. Lo que sí está claro es que se trata de una de las figuras más fascinantes de la Historia Universal, precisamente por la ambivalencia de su personalidad y lo controvertido de sus actos.

Ludwig van Beethoven. El sordo genial. Uno de los mejores músicos de la Historia, a caballo entre dos mundos, testigo de una época convulsa en Europa, y contemporáneo del anterior. Se trata de la piedra angular de la transición desde el Clasicismo al Romanticismo. Su música, de una belleza y una fuerza inigualables, canta a la hermandad y a lo universal. Se ha dicho muchas veces que Beethoven escribía para la Humanidad. Qué gran razón encierran esas palabras.

El tema de esta entrada es la vinculación que hubo entre estas dos inmensas personalidades.Empecemos por Beethoven. Nacido en Alemania, en 1770, se trasladó a Viena siendo joven para perfeccionar su arte compositivo con los grandes maestros de su época: Haydn y Salieri, entre otros. En 1800, poco después de la composición de su Primera Sinfonía, empieza a notar los síntomas de la sordera, entonces incipiente, que iba a ser su tormento el resto de su vida. Por ello, en 1802, se retira a Heiligenstadt, donde planea poner fin a su vida, escribiendo su famoso testamento de Heiligenstadt. Sin embargo, su carácter resistente y su convicción de que podía llegar a ser un gran compositor a pesar de su enfermedad, lo ayudaron a salir de ese período de depresión. Encontramos entonces un Beethoven renovado, con una febril actividad musical, de la que nacerán obras como la Quinta Sinfonía o el Concierto Emperador. La más importante de éstas es la Sinfonía nº3 “Eroica”, publicada en 1804.

ludvbeethoven

En cuanto a Napoleón, nació tan solo un año antes que Beethoven. Ascendido a general con gloria y honores- y gracias, únicamente, a su valor y sus méritos- fue una figura clave en las últimas etapas de la Revolución. Aumentó poco a poco su poder y su prestigio, aprovechándose de la debilidad del Directorio y de su éxito en las guerras de Italia. Hecho cónsul en 1799, tras el Golpe del 18 de Brumario, Francia conoció una época de prosperidad económica y cultural. Reconquistó Italia en 1800 y derrotó a la Segunda Coalición. Asentó las bases de la Revolución, dándole un carácter cabal y moderado tras el mal recuerdo del Terror, pero sin olvidar el liberalismo que entonces nacía. Publicó su famoso Código Civil en 1804. Parecía, pues, que Francia, con el Pequeño Cabo a la cabeza, comenzaba a dominar Europa. Y las ideas que se expandían, gracias a la Revolución, heredera del maravilloso siglo XVIII, no gustaban nada a los gobiernos absolutistas del resto de Europa. Sin embargo, sí que gustaban a una gran cantidad de los jóvenes de la época. La figura del líder que conducía al pueblo a la gloria y que materializaba los preceptos de la Ilustración, se encarnaba en Napoleón. Bonaparte era, pues, objeto de admiración por parte de muchos jóvenes prerrománticos, sedientos de libertad, igualdad y fraternidad. Entre ellos, se encontraba nuestro sordo genial.

Volviendo a su Sinfonía “Eroica”, se publicó en 1804, como hemos dicho. El mismo año en que Napoleón publicó su Código Civil. La sinfonia en sí misma merece un comentario. Rompe todos los moldes existentes, en cuanto a duración, volumen, dificultad y expresión musical. Representa la batalla, su fragor, los tambores, las trompetas, los cascos de los caballos,… Su segundo movimiento, especialmente bello, es una marcha fúnebre, de sobrecogedora sensibilidad. Es considerada la primera obra romántica. En origen, se llamaba Sinfonía “Bonaparte”. Ya se imaginan a quién iba dedicada. Ya se imaginan, también, la rebelión que suponía llamar así a una obra en el absolutista Imperio Austríaco. Sin embargo, Napoleón se coronó Emperador de los Franceses el 2 de diciembre de ese mismo año. Beethoven, que lo idolatraba, al enterarse de tan chulesco acto, cambió airado el nombre de la sinfonía al actual y pudo una nueva dedicatoria: “para celebrar el recuerdo de un gran hombre”. No sólo Beethoven le retiró su admiración, diciendo que sería un tirano, como todos los demás, sino que, además, Lord Byron y otros intelectuales aborrecieron desde entonces al nuevo Emperador.

Sabemos que, tras la caída de Napoleón, el absolutismo sufrió un profundo e irreparable golpe que llevaría poco a poco a su extinción. ¿Es consecuencia directa de sus acciones o es el inexorable paso del tiempo quien acabó con el absolutismo? ¿Se equivocó Beethoven o tenía razón? Preguntas que, a día de hoy, todavía suscitan polémica. Es innegable que se trata de una época que necesita de más estudio, a fin de arrojar un poco de luz sobre estos dilemas. Solo así podremos formarnos una opinión fundada sobre Napoelón, Beethoven, y la fascinante época en la que vivieron. Recomiendo especialmente escuchar la Sinfonía “Eroica”, en la versión de Herbert von Karajan, Sergiu Celibidache, Claudio Abbado o Leonard Bernstein.

JAVIER TIESTOS

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