Japón o Seppuku

25 de noviembre de 1970, silencioso y oscuro, el último samurái japonés se disponía a encender una última llama de salvación social, política y espiritual a Japón. Portando un emblema japonés en la cinta de su frente y con cuatro de sus más fieles y entrenados mandos miembros de la sociedad paramilitar llamada ​“Tatenokai”​ (La Sociedad del Escudo) cuya misión simbólica era dar la vida por el Emperador. Mishima hace acto de presencia.

Se adentra en el Cuartel de Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón y tras amordazar a Kanetoshi Mashita, comandante en jefe del Ejército, forma barricadas en su despacho y se dirige hacia el balcón para lanzar un mensaje atronador a los soldados del ejército japonés que, a las afueras, contemplaban su acción.

Sin temor a la muerte ni a las consecuencias, estaba decidido a recuperar la soberanía y los valores de un pueblo inmerso en la podredumbre de lo moderno. Dirigido. Una especie de revancha de una Guerra en la cual no pudo participar por tuberculosis, y que quemaría poco a poco su espíritu.

Uniforme militar, firme mirada, a viva voz y como si un rayo de luz atravesara sus entrañas promulgó:

«¡Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual (…) hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones (…) el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurái (…) cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros (…) Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día (…) El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿Por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos (…) ¡Salvemos al Japón, al Japón que amamos!»

Nadie le escuchó y Mishima humillado, entró de nuevo en el cuartel y meticulosamente, comenzó con el código tradicional y ritual de suicidio “​Sepukku”​. A sus 45 años un genio de la literatura contemporánea caía en las sombras, para siempre.

Su muerte fue la abdicación del Japón Antiguo e ilustres de la literatura acudieron a su entierro. Entre ellos su mentor y premio nobel Yasunari Kawabata.

Entre sus obras más destacadas está su autobiográfica ​“​Confesiones de una Máscara”. Sed de amor” (1950), “Color prohibido” (1954), “El pabellón de oro” (1956), “El marinero que perdió la gracia del mar” (1963), y su tetralogía “El mar de la fertilidad” (1970) en la que se incluyen “Nieve de primavera”, “Caballos desbocados”, “El templo de alba”, “La corrupción de un ángel”, “El rumor del oleaje” (1956), “Después del banquete” (1960), “Música” y “Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis”.

Obras teatrales como “La marquesa de Sade” (1965) y su cortometraje “Yokoku”, llegando a representar en el su propio suicidio.

Consiguió el Premio Shincho, el Premio Kishida por Drama, el Premio Yomiuri a la mejor novela, y el Premio Yomiuri por el mejor drama. Siendo candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones.

Una estancia en este mundo marcada por el tormento paulatino y la necesidad de exponer al mundo su visión de la vida de forma artística, la cual nos enseña cómo la decadente sociedad posguerra mundial corrompe los espíritus. Haciendo mella en aquellos que aún conservan los valores antiguos y llevándolos como última opción, al igual que su mentor Kawabata entre otros muchos héroes, a una victoria honrosa y un merecido descanso. La muerte.

@kimitakhiraoka

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