Sofía Rincón: «me parece divertido ver rabiar a las feministas»

Sofía Rincón es un personaje incómodo: «sé que soy una rara avis: tengo un esclavo, soy dómina y de derechas», declaró en Vice antes de hacerse viral. Con 25 años, a Sofía no le gusta que hablen en su nombre, rechaza el colectivismo ideológico y no cierra filas con nadie.  Hace unas semanas saltó a la fama con un rap del que rápidamente se hicieron eco los grandes medios de comunicación. Hoy prepara junto a Fernando Sánchez Dragó una película sobre Blas de Lezo. Su reivindicación es clara: la cultura no es patrimonio de la izquierda. Y el sentido del humor tampoco.

Hoy, 8 de Marzo, mientras algunos tratan de imponer una particular forma de ser mujer, entrevistamos a una que ha tenido el valor de ser y pensar tal y como le da la gana.

ENTREVISTA

Tu rap Like a Vox se ha convertido en un vídeo viral en las redes sociales y muchos lo han malinterpretado. ¿Cuál era exactamente tu intención?

La intención principal era dar un golpe de efecto para iniciar un movimiento artístico al que he llamado “La derecha como performance”. Para que esto que quiero llevar a cabo pudiera entenderse como es debido era necesario hacer algo que caricaturizara y ensalzara a la derecha a la vez y lo mejor que podría hacerse en ese sentido era un ‘trolleo’, algo que desconcertara a todo el mundo y que, ante la confusión, la gente se diera cuenta de que el arte puede unir a izquierda y derecha. Y de hecho, así ha sido, mucha gente que me contactó era de derechas, pero mucha también era de izquierdas y ambos coincidían en el hartazgo ante esta moda de etiquetar a todo el mundo. El rap para mi no era un fin en sí mismo, sino el comienzo de todo esto.

Has hablado de la campaña #LaDerechaComoPerformance, que nace a raíz del éxito del vídeo ¿Qué significa esto? ¿Crees que izquierda se ha llevado siempre mejor con el humor que la derecha?

Como te digo, esto no se lanzó a raíz de y tampoco es una campaña. Lo que busco con ese movimiento es que la izquierda deje de monopolizar el arte. Hay muchísimos artistas cuyas carreras son frustradas por dar su opinión o que tienen que auto-censurarse para tener su carrera. Actualmente la única gente que parece que tiene derecho a hacer performances y obras reivindicativas es la izquierda y esto es terrorífico. Primero porque anular el arte suele dar como resultado violencia social a largo plazo, y obviamente si anulas sistemáticamente el discurso de un sector del arte impides el diálogo. Lo que se necesita es que los artistas no tengan miedo a decir “soy de derechas”. La sociedad evoluciona a través de la confrontación de ideas: lo repetiré todas las veces que haga falta. En ningún momento busco un monopolio artístico de la derecha, sino que pueda existir una convivencia entre ambas partes.

Busco que la izquierda deje de monopolizar el arte. Que los artistas no tengan miedo a decir “soy de derechas”

Mi movimiento artístico no reivindica la derecha por la derecha, sino la derecha como provocación a esta censura imperante a través del humor. Es importante que la derecha tampoco se tome demasiado en serio a sí misma y pueda reírse de sus tonterías. La capacidad de caricaturizarse a uno mismo es un paso esencial para una buena autocrítica.

Lo mejor que puede pasar en el futuro es que el movimiento se haga tan grande que llegue, al fin, la normalización de la diversidad ideológica. Si eso ocurre, me comprometo a hacer un acto público para dar por terminado ‘oficialmente’ el movimiento. Pero eso sólo lo dirá el paso de los años porque nada cambia socialmente de la noche a la mañana.

3. Has declarado que no harás huelga este 8M. ¿Te sientes representada por el movimiento feminista?

No me siento representada, en general, por los colectivismos. Ya sé que decir esto después de las respuestas anteriores puede resultar algo irónico, pero existe una coherencia: para mi lo más importante es el individuo. El individuo es sagrado, los movimientos no (el mío, desde luego, tampoco). Antes que cualquier ‘-ista’ soy Sofía, con mis contradicciones, mis aciertos, etc., y no voy a coincidir con nadie más que conmigo misma.

No me siento representada por los colectivismos. Para mí lo más importante es el individuo

Obviamente, como vivimos en sociedad, tenemos que abreviar nuestra semántica y por eso empleamos términos como “izquierda”, “derecha”, “feminismo”, etc., para poder conversar fluidamente.

Lo cierto es que me encanta ver la reacción del feminismo hegemónico cuando digo que soy feminista de derechas, me parece tan divertido verlas rabiar por algo tan trivial que por eso lo digo, por performance. That’s the key.

Las políticas identitarias y los colectivismos ideológicos, ¿representan una amenaza para las libertades?

Sin duda. No son más que formas de segregacionismo.

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Sofía Rincón junto al retrato de Margaret Thatcher (Instagram)

Desvelaste en OKDiario que estabas poniendo en marcha una película sobre Blas de Lezo junto a Fernando Sánchez Dragó. ¿Puedes contarnos algo más sobre el proyecto?

Lo cierto es que no. Ahora mismo los detalles son absolutamente secretos y tengo prohibido hablarlos con nadie que no sean los implicados en este asunto.

El silencio de Dios en Ingmar Bergman

¡Dios calla porque no existe, es terriblemente sencillo!


Los comulgantes.

Bergman es uno de los grandes directores de cine de culto que destacó por películas como El séptimo sello y Persona. Su trabajo cinematográfico fue más allá de la mera cotidianidad, aunque, paradójicamente, siempre mantuvo a sus personajes en ella. Muestra de esa a veces pesada cotidianidad es la relación que mantiene el hombre con el mundo y, sobre todo, con Dios. Dios es el eslabón perdido que conecta el sentido de muchas de las películas de Bergman, como es el caso de la trilogía El silencio Dios, compuesta por El silencio (Tystnaden) 1963, Los comulgantes (Nattvardsgästerna) 1963 y Como en un espejo (Såsom i en spegel) 1961.

Dios, Dios, Dios. A todo artista le persigue una sombra que no deja obra alguna sin una mínima manifestación, y en Bergman, parece ser Dios la sombra. Pero se trata de un Dios, aunque muy cristiano, también muy sui generi. En esta trilogía, Bergman muestra un Dios silencioso, que gusta de ocultarse y hacerse desear, un Dios que nunca desvela su rostro y parece jugar al escondite para retorcerle la existencia a su creación.

Así lo muestra el protagonista de Los comulgantes, un pastor que ha perdido la fe y que se pierde a sí mismo tratando de descifrar los misterios que asechan la existencia, a tal punto de pensar que Dios no es más que una invención suya. La desesperación que le produce el silencio de Dios hace mayor su sufrimiento al no dar con ninguna explicación sobre por qué no se manifiesta –o no como espera–.

En este film se reivindica el valor de la duda frente a lo hermética que puede resultar la fe y se subraya el misterio de la existencia; pero también aparece la cara amable de la moneda: que la exigencia de Dios es el amor incondicional, el amor que sufre, que duele y se siente en las vísceras. La impotencia del pastor es que no logra apresar a su amado, y un ego herido y vanidoso antepone la duda a cualquier hebra de un Dios intangible en la existencia.

Dios duele, sobre todo cuando se le tiene como único referente de la interioridad. A lo amado se le quiere tocar, se le quiere sentir en carne, se le quiere escuchar, pero Dios, difícil en esencia, sólo se da de formas misteriosas y silenciosas. Tan silenciosas que parecen inexistentes.

LAURA PERDOMO

Asia Bibi: Pakistán o un infierno para los cristianos

En junio de 2009, Aasiya Noreen (conocida como Asia Bibi) cosechaba bayas con algunas compañeras de trabajo en un campo de Sheikhupura, en Pakistán. En un momento dado le pidieron que buscara agua en un pozo cercano; ella obedeció, pero se detuvo y se sirvió un poco con una vieja taza de metal que había encontrado junto al pozo. Un vecino de Noreen, Musarat, que había estado involucrado en una pelea con la familia de Noreen, la vio y, amenazándola, le recordó que estaba prohibido que un cristiano bebiera agua del mismo utensilio que un musulmán.

La mujer cuenta que cuando hicieron declaraciones despectivas sobre el cristianismo y le exigieron que se convirtiera al Islam, respondió:  «Creo en mi religión y en Jesucristo, que murió en la cruz por los pecados de la humanidad. Tu profeta Mahoma, ¿hizo alguna vez algo para salvar a la humanidad? ¿Y por qué debería ser yo la que se convierta y no tú?» A partir de ahí se inició una discusión que terminó con Asia detenida, encarcelada y sentenciada a muerte por cargos de blasfemia.

Más del 80% de los musulmanes paquistaníes apoya la ‘sharia’como ‘ley de la tierra’. De entre éstos, casi el 85% defiende la lapidación por adulterio.

Fuente: PEW RESEARCH CENTRE

De acuerdo al sistema de castas en Pakistán, los cristianos —el 2.5% de la población— forman parte del estrato más bajo de la sociedad. A ellos les son reservados los trabajos más “sucios” o “denigrantes” y ocasionalmente viven en situaciones de absoluta servidumbre. El caso de Asia Bibi refleja cómo es habitual que grupos radicales islámicos —con la complicidad del gobierno— justifiquen la persecución de minorías religiosas apelando al delito de blasfemia, por el que han sido acusadas más de 1300 personas desde 1967. Salmaan Taseer, gobernador de Punjab y crítico con la ley de blasfemia, apoyó públicamente a Asia, razón por la que en 2011 fue asesinado por uno de sus guardaespaldas en Islamabad.

Tras el incidente en el pozo, un líder musulmán local, Qari Salem, usó los altavoces de la mezquita para difundir la noticia de la blasfemia e instar a la gente de la localidad a castigar a Asia, que fue duramente golpeada en presencia de sus hijos.

«Lloré sola, poniendo mi cabeza en mis manos. Ya no puedo soportar la mirada de personas llenas de odio, aplaudiendo el asesinato de una trabajadora agrícola pobre. Ya no los veo, pero todavía escucho a la multitud que ovacionó al juez diciendo: “¡Mátala, mátala ! ¡ Allahu Akbar !” El tribunal fue invadido por una horda de euforia que derribaba las puertas cantando: “Venganza por el santo profeta. ¡Alá es grande!” Después me arrojaron como un viejo saco de basura en la camioneta… A sus ojos, había perdido toda la humanidad» (Asia Bibi)

En junio de 2017, un trabajador cristiano de aguas residuales murió en un hospital paquistaní porque tres médicos musulmanes se negaron a tocarlo por “impuro” mientras ayunaban en Ramadán.

Fuente: OPEN DOORS

Manifestantes en Lahore, Pakistán, pidiendo la muerte de Asia Bibi
Arif Ali / AFP

La comunidad internacional pidió la liberación de Asia y después de nueve años de vejaciones y abusos en prisión y las peticiones de dos papas
—Benedicto XVI y Francisco I— el pasado octubre, el Tribunal Supremo la absolvió citando «contradicciones materiales y declaraciones inconsistentes de los testigos» que «arrojan una sombra de duda sobre la versión de los hechos de la Fiscalía». Miles de paquistaníes se manifestaron en las calles pidiendo su ahorcamiento, y la buscaron casa por casa para darle muerte.

Sin embargo, en noviembre, el gobierno firmó un acuerdo con el partido político Tehreek-e-Labbaik (TLP), que lideraba las protestas, prohibiendo a Asia abandonar el país. Se cree que todavía sigue allí.

Mientras tanto, la familia de Asia Bibi solicitó asilo al Reino Unido. Los ingleses se negaron. ¿La razón?: las autoridades británicas temen la reacción de la comunidad paquistaní y de los integristas islámicos que deambulan por sus calles.

Conviene no olvidar que allí, en Londres, entre 1997 y 2013, clanes mafiosos de origen paquistaní abusaron de casi dos mil niñas. La corrección política tapó el crimen entonces. Esperemos que, al menos, haya servido para preguntarnos: ¿es ésta la Europa que queremos?

DIEGO MARTÍNEZ

Sufís: los místicos perseguidos por la yihad

Te pareces a un mosquito que se cree importante. Al ver una brizna de paja flotando en un charco de orina de cerdo, el mosquito levanta la cabeza y piensa: “Hace mucho tiempo que sueño con el mar y con un barco, ¡y aquí están por fin!”.

Son palabras del poeta Yalal ad-Din Muhammad Rumi, nacido hace 800 años en Persia y considerado uno de los grandes maestros de la tradición sufí.

El compositor francés Armand Amar musicalizó el Poema de los Átomos de Rumi

El sufismo o Tasawwuf (تصوف) es una corriente mística nacida en el seno del Islam entre los siglos VIII y IX. Se trata de una tradición de iluminación que hunde sus raíces en los tiempos de Muhammad, pero que a través del tiempo se ido ramificado en distintas tariqah (cofradías) dirigidas siempre por un maestro espiritual. 

Rumi no fue la única mente brillante dentro del sufismo. Al Gazhali (1058 – 1111) escribió la principal obra de referencia de la espiritualidad islámica, El resurgimiento de las ciencias religiosas, y Ben Arabí (1165 – 1240), nacido en Al Ándalus y conocido como el Más Grande de los Maestros por sus aportes a la filosofía, la teología o la poesía, es toda una institución en el Islam. Por otra parte, la poesía espiritual sufí sirvió de influencia a místicos de la talla de San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís o Santa Teresa de Jesús.


Mi alma es de otro lugar, estoy seguro de eso, y tengo la intención de terminar allí.

Rumi

El sufismo se caracteriza por la búsqueda de una relación personal con Dios a través de la introspección y el silencio, la música o el baile. Kabir Edmund Helminski, Sheik de la Orden Maulevi fundada por Rumi, sostiene que «el verdadero Sufí es aquel que no reclama para sí ninguna virtud ni verdad, sino que vive una vida de presencia y amor abnegado». 

Tradicional dhikr sufí

Los seguidores de la tariqah Maulevi son conocidos mundialmente como “derviches giróvagos” por la particular danza (sema) a través de la que, cantando y coordinando sus movimientos con el flujo de la respiración, giran sobre su propio eje logrando un profundo estado de trance.

Pero el sufismo no es tanto una religión como un camino (surk) que atraviesa distintas estaciones (maqaam). Su carácter transversal hace que aparezca tanto en el mundo suní como en el chií, siendo perseguido al mismo tiempo en ambos.

Son varias las razones por las que la comunidad sufí es perseguida en  países islámicos como Somalia, Mali, Egipto o Libia. Su rechazo al legalismo y su visión estricta de la sharia (la ley islámica) son algunas de ellas. Pero es fundamentalmente la adoración de los santos la causa principal por la que son tachados de ‘herejes’ y ‘politeístas’ y muchos de sus santuarios y mezquitas son arrasados.

Ataque a un santuario sufí en Pakistán, 2017
Reuters / Akhtar Soomro

Hace poco más de un año, Egipto —donde en torno al 20% de la población se declara sufí— sufrió uno de los peores atentados de su historia reciente. 305 personas, de entre las cuales 27 eran niños, fueron asesinadas en la mezquita de Al Rauda, frecuentada por fieles sufíes. Sucesos similares se dirigen contra la comunidad sufí a diario en África y Oriente, ante el silencio o la complicidad de las altas esferas de la política.

 Y es que la espiritualidad, a diferencia de la religiosidad impostada, no consiste en obedecer ciegamente rigurosos tratados de usos y costumbres con valor de ley. Y los sufís lo saben mejor que nadie.

DIEGO MARTÍNEZ

América Latina, vulnerable al terrorismo islamista

Como en su día lo fue para los nazis o los miembros de ETA, el continente americano es hoy un escondite perfecto para terroristas retornados de Oriente Medio. Es por ello que muchos expertos han alertado ya de la existencia de ‘células durmientes’ de Al Qaeda o Estado Islámico en la región, que estarían tomando el relevo de Hezbolá y financiándose gracias al narcotráfico.

El 18 de julio de 1994, una célula de Hezbolá, grupo terrorista chií libanés al servicio de Irán, atentó contra la AMIA, la mutual judía en Buenos Aires. Murieron 85 personas y 300 resultaron heridas. El cerebro de la operación, Salman Raouf Salman, jugó un papel importante en el asentamiento de la milicia islamista en la región, que con los años ha ido ganando poder, especialmente en la zona de la Triple Frontera (entre Argentina, Brasil y Paraguay).

Hezbolá mantiene relaciones fluidas con organizaciones narcotraficantes y con empresarios y políticos de la región, en gran medida gracias a la simpatía de los gobiernos de Venezuela, Cuba o Bolivia con el régimen de Irán. Rachel Ehrenfeld, experta en terrorismo y guerra económica, reportó que «las acogedoras relaciones que estos Gobiernos tienen con Irán facilita el libre movimiento de miembros de Hezbolá por la región, lo que les permite transportar drogas y productos falsificados».


Paramilitares de las FARC
© REUTERS / John Vizcain

Según ha infomado SECINDEF, una compañía dedicada a la consultoría y la prestación de servicios en el campo de la seguridad, la inteligencia y la defensa, más de 300 latinoamericanos habrían viajado a Oriente Medio desde Sudamérica o el Caribe desde la fundación del denominado Estado Islámico en 2014. 

«La amenaza del ISIS  es real en Latinoamerica —apuntó Douglas Farah, consultor de seguridad estaudounidense a El Confidencial— debido al proceso de auto-radicalización, así como al auge de los gobiernos bolivarianos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o el Salvador), que ignoran las reglas legales y la voluntad de trabajar contra los grupos terroristas». No es casualidad que Trinidad y Tobago (que en 1990 sufrió un intento de golpe de Estado por parte la organización islámica Jamaat al Muslimeen) sea el país del mundo con más miembros del ISIS ‘per cápita’, según información del New York Times.

Junto a las alianzas comerciales entre el crimen organizado y el terrorismo islamista, cobra importancia la convergencia ideológica entre éste y las corrientes populistas de izquierda.  A través de planteamisntos altermundistas, neoindigenistas y anticapitalistas, muchos grupos de izquierdas encuentran en el islamismo radical una herramienta para dar voz a su discurso antioccidental. 

Si bien es no es probable que el islamismo radical reúna en América Latina el poder del que dispone en Oriente Medio, conviene no pasar por alto su actividad de cara a desarrollar políticas preventivas contra el crimen organizado, sea cual fuere su naturaleza.

DIEGO MARTÍNEZ

La oportunidad yihadista en Libia

África, objetivo del Dáesh

La historia de África es particular y compleja. El continente, cúmulo de Estados fallidos, ejerce un poderoso atractivo para las milicias islamistas. La pobreza, la corrupción, la extensión geográfica de las regiones y la permeabilidad de las fronteras son, junto con la debilidad de los poderes públicos y el tribalismo, factores que han seducido a yihadistas de todo el mundo.

Pero sus aspiraciones van más allá de controlar las regiones más occidentales. Su creciente presencia en la zona se hizo evidente en octubre de 2016, cuando los milicianos de Daesh tomaron la ciudad de Qandala, en Somalia, sin apenas resistencia. El pasado 14 de octubre, en Mogadiscio, Al Shabab, filial de Al Qaeda, dejó más de 500 muertos en lo que fue el mayor atentado de la historia del país.

Son numerosos los grupos terroristas que ya actúan en el continente: AQMI (Al Qaeda del Magreb Islámico), MUYAO (Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental), Ansar ad-Din, Al Shabab o Boko Haram lo hacen en países como Argelia, Somalia, Nigeria, Camerún, Chad, Mali, Mauritania, Túnez, Libia y Níger. Ali Bakr, analista especializado en terrorismo en Future Advanced Research, cree que serán aún más: «El colapso del bastión del Estado Islámico en Raqqa (Siria) provocará una nueva coalición de combatientes en el continente, la mayoría de los cuales provienen de países del norte de África».

Si, como ya han alertado los analistas, el Magreb es hoy más vulnerable que antes, lo es gracias a la Primavera Árabe. Túnez o Egipto, cuyos regímenes cayeron en 2011, llevan años en el punto de mira de los islamistas. Pero de confirmarse la pretensión de Daesh de establecer su ‘califato’ en África, ningún país podría verse tan afectado como Libia.

Libia: un Estado fallido

Tras sacudir Túnez y Egipto, la Primavera Árabe puso el ojo del huracán sobre Libia, un país que sumaba más de 40 años bajo el régimen de Muamar el Gadafi. El 20 de octubre de 2011, al mediodía, milicianos del Consejo Nacional de Transición (CNT) acabaron con su vida en la ciudad costera de Sirte. Cerca de un mes antes, el 16 de septiembre, la ONU reconocía a los rebeldes del CNT como representantes de Libia con 114 votos a favor, 17 en contra y 15 abstenciones. Tras la jefatura provisional de al-Harati esta fue asumida por Mustafa Abdul Jalil, antiguo Ministro de Justicia de Gadafi, hasta que en agosto de 2012 el CNT fue disuelto y el poder transferido al Congreso General de la Nación (CGN).

Fue Alí Zeidan, suní moderado y defensor del liberalismo, quien ganó las elecciones convocadas por el CGN, ejerciendo como Primer Ministro desde el 14 de octubre de 2012 hasta el 11 de marzo de 2014. Sin embargo, el apoyo electoral que lograron los islamistas colocó a Nuri Abu Samhain  como Presidente del Gobierno. Este, comandante de las Fuerzas Armadas Libias y próximo a los Hermanos Musulmanes, fue incapaz de hacerse con el control del país y propició la creación de milicias islamistas como la Sala de Operaciones de los Revolucionarios Libios, que llegó a secuestrar al Primer Ministro Alí Zeidan, posteriormente destituido en una moción de censura. El gobierno pasó a Abdullah al Thani, también moderado. En febrero de 2014, el excoronel del ejército libio Jalifa Haftar ordenó la suspensión del Congreso General, en manos de los Hermanos Musulmanes, en lo que se llamó Operación Dignidad. Comenzaba una nueva guerra en Libia.

Por entonces, debido a la debilidad institucional y el fortalecimiento de las milicias locales, el país se dividió en dos gobiernos rivales en Trípoli y en Tobruk. En torno a un año después, la ONU hizo firmar el “Acuerdo Político Libio” entre los dos parlamentos que funcionaban simultáneamente creando un Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) dirigido por Fayez al-Sarraj, con poca autoridad y el apoyo de la comunidad internacional. También el Consejo Presidencial, que realiza las funciones de Jefatura del Estado, estaría presidido por al-Sarraj, que no cuenta con el apoyo de la Cámara de Representantes o “parlamento de Tobruk”, considerado otro centro de poder. Desde Tobruk se ha apoyado de forma incondicional al general anti-islamista Haftar, jefe del Ejército Nacional Libio (LNA), con cada vez más poder sobre el terreno.  El último centro de poder es el que ejerce el Congreso Nacional General (CGN) bajo el que descansa el Gobierno de Salvación Nacional encabezado por Jalifa al-Ghweil que, a pesar de estar en el exilio y no controlar ninguna institución importante,  tiene sede en Trípoli y cuenta con el apoyo de grupos armados y milicias islamistas. Las injerencias extranjeras y los constantes enfrentamientos entre Haftar y los radicales de Amanecer Libio del GNC no han hecho sino dificultar aún más una posible solución pacífica al conflicto.[1]

Entre el caos y el desgobierno se ha generado un caldo de cultivo idóneo para el fortalecimiento del islamismo, el tribalismo y el contrabandismo de armas, petróleo  y drogas. Mientras los mercados de esclavos vuelven a estar a la orden del día, ciudades como Zuwara, al norte del país, se han convertido en refugio y lugar de enriquecimiento de mafiosos y traficantes de personas. Pero lo más preocupante es que este vacío de poder pueda atraer a los milicianos de Daesh retornados tras su fracaso en Siria e Irak.

El origen de la yihad libia

En torno a 1980, a instancias de la CIA, Awatha al-Zuwawi crea en Libia una oficina destinada a reclutar combatientes que serían enviados a Afganistán para luchar contra los soviéticos.  Ya en 1986, en Pakistán, los mercenarios libios comienzan a obedecer órdenes de Osama bin Laden. Tras regresar de Sudán en 1994, los milicianos se instalan en Libia con objeto de asesinar a Gadafi y acabar con la Yamahiriya. En estas fechas Abu Laith Al Lib  crea el Grupo Islámico de Combatientes Libios (GICL), leal al CNT desde 2011 y rebautizado como Movimiento Islámico Libio, que llevó a cabo atentados a fin de desestabilizar el régimen. Su objetivo era deshacerse de la influencia occidental, restablecer una visión purista del Islam y derrocar a Gadafi, considerado un apóstata. Además, contaron con el apoyo regional de aquellos que apoyaron la monarquía Sanusí, que gobernó Libia entre 1951 y 1969. Años después, paradójicamente, el GICL será incluido en la lista de grupos terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Las relaciones entre la oposición de la Yamahiriya y el fundamentalismo islámico no nos son ajenas.  El pasado 22 de mayo el terrorista suicida Salman Abedi dejó 22 muertos y 59 heridos en el Manchester Arena. Su padre, Ramadan Abedi, había sido miembro del GICL y guardaba relación con traficantes de armas de la revolución siria. Por todo ello, meses antes de caer el régimen, Gadafi advertía en una televisión francesa: «En nuestro país, policías, soldados y rebeldes están luchando contra Al Qaeda que está conspirando para hacerse con el control de Libia y la comunidad internacional debería darse de cuenta de esta lucha y no de intentar transmitir al mundo una guerra civil que no existe en nuestro país».

No obstante, los grupos de carácter yihadista que se han ido extendiendo en Libia forman un grupo heterogéneo en el que, a veces, se producen choques de intereses. Por una parte se encuentra Ansar Al-Sharia, una milicia salafista cercana a Al Qaeda creada en 2011 a quien se culpa del asalto al consulado estadounidense en Bengasi que, en 2012, causó la muerte del embajador Christopher Stevens. Disuelta desde mayo del pasado año, algunos de sus miembros combaten junto al Consejo de la Shura de los Revolucionarios de Bengasi (BRSC), un conjunto de milicianos islamistas entre los que también se integran los fieles a EI y que, junto a las Brigadas de Defensa de Bengasi (BDB), luchan contra el general Haftar. Tanto el BRSC como el BDB apoyan a Sadiq al-Ghariani, líder de la Dar al-Islam de Libia. Su nombre también guarda relación con la familia al-Abedi de Manchester. En 2014 la ciudad de Derna cayó en manos de EI para ser posteriormente tomada por el Consejo de la Shura de los Muyahidines de Derna, vinculado a Al Qaeda, fundado por exmiembros del GICL y bautizado en sus inicios como Brigada de los Mártires de Abu Salim. Todo ello entre el norte y el centro del país.

Al oeste estaría Amanecer Libio, hoy dividido en diversos grupos en función del grado de lealtad a al-Sarraj, que llegó a controlar Trípoli y Misrata. Este grupo, apoyado por Turquía, Sudán y Catar, surge durante la guerra de 2014 en respuesta a la Operación Dignidad de Haftar en Trípoli. Amanecer Libio estaba formado sobre todo por ciudadanos de Misrata, muchos de ellos islamistas.

En total, según algunos informes, hasta 1700 grupos armados emergieron tras la caída de Gadafi y, según el presidente de la Academia Diplomática de Emiratos Árabes Unidos y exrepresentante del Secretario General de Naciones Unidas para Libia, Bernardino León Gross, el que fuera uno de los países más ricos del mundo se ha transformado en una «ventana abierta» del Sahel, «el espacio más conflictivo en el mundo».

Ahora la comunidad internacional teme que los combatientes que huyen de Irak y Siria puedan reagruparse en Libia y sumarse a los que ya se encuentran en la zona, algo de lo que ya han alertado las autoridades libias. Parece que tras la primavera de 2011 no ha llegado el verano sino un duro invierno. Y los que quedan.

DIEGO MARTÍNEZ

[1] http://www.ieee.es/contenido/noticias/2017/11/DIEEEA70-2017.html

Imagen destacada: Milicianos libios aliados del Gobierno combaten posiciones de Daesh en Sirte, en agosto de 2016. GORAN TOMASEVIC (Reuters)

Laura Lavinia, corresponsal en Siria: “al Assad tiene más apoyo que nunca”

Cerca de medio millón de muertos, más de un millón de heridos y unos doce millones de desplazados. Ese es el saldo de más de siete años y medio de una guerra que parece estar librando sus últimas batallas. Pero no todo ha terminado. Con Assad aún en el poder, son muchos los interrogantes que rodean el futuro de Siria, un país devastado y enterrado bajo sus propios escombros.

¿Qué pasa en Siria?

En 2011, la Primavera Árabe sacudió Túnez, Egipto y Libia. Ben Alí, Mubarak y Gadafi cayeron, uno detrás de otro, como las fichas de un dominó. Cuando las revueltas populares se reprodujeron en Siria, nadie esperaba que el régimen de Bashar al Assad  —heredero de una dinastía que lleva instalada en el poder desde 1971—  pudiese mantenerse en pie durante mucho más tiempo. Pero se equivocaban.

Las fuerzas gubernamentales reprimieron con dureza las protestas y la oposición comenzó a organizarse en grupos rebeldes armados. Siria se convirtió en el tablero de ajedrez de una guerra mundial a pequeña escala donde se decidían los intereses de grandes potencias. Por un lado, los rebeldes se aglutinaron en torno al Ejército Libre Sirio con el apoyo de Arabia Saudí, Israel, Turquía y Estados Unidos. Su objetivo era derrocar al régimen de Assad, pretensión que comparten con Al Qaeda, Hamás o el autoproclamado Estado Islámico. Por otro lado, las Fuerzas Armadas Árabes Sirias, afines al gobierno, combaten de la mano de Rusia, Irán e Hizbulá.

En 2012 la sangre ya regaba las calles de Damasco. Dos años después, una coalición internacional liderada por los Estados Unidos bombardeaba zonas bajo control gubernamental, obligando a Assad a solicitar ayuda militar a Putin. La participación rusa cambió las tornas de la contienda en lo que resultó ser su primera intervención desde la Guerra Fría en un conflicto armado fuera del territorio de la antigua Unión Soviética. En 2016 Aleppo fue liberado. Damasco tuvo que esperar hasta este año.

A día de hoy, más de dos tercios del territorio se encuentran ya bajo control del gobierno y la comunidad internacional pone el foco sobre la región de Idlib, aún en manos rebeldes. Preguntamos a Laura Lavinia, que ha ejercido de corresponsal en Siria,  por el futuro de la región.

Entrevista

Laura Lavinia es fotógrafa y fundadora de 14 MILIMETROS, un medio enfocado en los conflictos internacionales donde se mezclan las historias ocultas tras la guerra vista a pie de calle y el análisis geopolítico.

Manifestación progubernamental en Damasco (Ocubre 2011)
Bassem Tellawi / Associated Press 


Has estado en Siria, paseado por sus calles y compartido tu tiempo con sus gentes. ¿Qué ve uno cuando viaja a Siria?

Recuerdo que entré de madrugada a Siria, pasé por decenas de check points, los soldados me alumbraban con las linternas mientras con otra mano sujetaban sus kalashnikovs y abrían el maletero de mi coche. Hablaban en todo momento con mi conductor, negociaban para ver si podía pasar o no. En ese momento ves que estás entrando en una zona que no es la que todos conocemos, que hay un peligro real y lo que más te preocupa es que por lo que sea no les gustes y no te dejen pasar. Cuando pasas los principales check points Siria cobra vida, las calles se llenan de gente, ves a la gente tomando algo, fumando y contando anécdotas. Sin contar que la mayoría de la gente está comiendo en la calle shawarmas mientras charlan con sus amigos.

Algo que me ha llamado mucho la atención ha sido que en todas partes hay banderas, es decir en las paredes, en las tiendas, en las casas , en los coches. Hay coche pintados con la bandera Siria y eso no lo he visto en ningún pais más, te das cuenta que realmente están muy orgullosos de ser sirios. Destacaría sobre todo la alegría y la vida que hay en la guerra, no hay que olvidar que llevan casi 8 años luchando y que no se puede vivir en base a las tragedias. Las ganas de ganar la guerra y las ganas de seguir adelante han hecho que estén muy unidos y que quieran vivir la vida con alegría. No quiere decir que no sean conscientes de lo que ha pasado, todo lo contrario; el pueblo sirio ha sufrido tanto que ya no tiene nada que perder, por esa razón han decidido luchar hasta el final.

En primera persona, ¿tiene uno la sensación de estar ante una guerra civil?

Una cuando pasea por sus calles tiene la sensación de que está ante una guerra, no piensas ante qué guerra estás. Paseas por algunas calles de Alepo y hay zonas en las que el silencio es aterrador, miras a tu alrededor y está todo destruido, solo escuchas tus pasos y lees en las paredes ‘’desminado’’ en ruso, ves cuadros, objetos perdidos en los edificios destrozados por las bombas.

No se puede simplificar, hay un componente de guerra civil aunque hay un fuerte componente de las potencias extranjeras. Cuando hablas con la gente todos te dicen que otros países están atacando Siria. Un amigo sirio me dijo “Siria está luchando contra medio mundo”

En las zonas pacificadas hay un ambiente de convivencia, pero también porque el gobierno lo hace posible. Qué te quiero decir con esto: en Maaloula por ejemplo cuando Jabhat al Nusra entró, eran los vecinos de la villa integrados en JaN quienes querían acabar con los cristianos. Estaban liderados por extranjeros de Al Qaeda, pero también con combatientes locales. Ahora sí hay un ambiente de concordia, pero porque el gobierno sirio regula mucho qué familias pueden volver para evitar que estalle un conflicto de nuevo.

Un amigo sirio me dijo “Siria está luchando contra medio mundo”


Parece que, ahora sí, la guerra se acerca a su fin. ¿Es la paz una realidad posible a corto plazo?

La paz a corto plazo es imposible por dos factores. El primero es el terrorismo. El terrorismo es una ideología y está muy asentada, va a seguir habiendo y la única forma de combatirlo es con cierta educación, cambiando la mentalidad de quienes interiorizan esta ideología a largo plazo. A corto plazo requiere represión pero en las familias y en las tribus eso genera odio. Al lado de mi hotel dos días después de irme se inmolaron dos personas y cerca de una calle por donde había pasado, ese mismo día se produjo otro atentado y estaba en una zona que se suponía que era segura.

El segundo factor es que está metido medio mundo en Siria y se han convertido en el tablero de un juego geopolítico global. ¿En qué sentido? Los países no han invadido Siria por el gobierno, lo han hecho por la postura del gobierno, que es parte del eje de resistencia. Por tanto Siria no va a cambiar de sistema por mucho que haya un sistema opositor. Los partidos que pueden considerarse oposición con una base social real, siguen siendo hostiles a las políticas del eje otanista. Así que en Siria no habrá paz hasta que haya un sometimiento y aún así ese sometimiento generará violencia como vemos en países como Libia, Túnez etc.


Las calles sirias, todavía en ruinas
Stephanie Jenzer / CBC

¿Qué pueden esperar del gobierno sirio quienes han combatido en el bando rebelde?

Pues depende, si son extranjeros o se van o mueren. Si están en organizaciones como al Qaeda o Isis o se van o mueren.

Si son de grupos que están dispuestos a dialogar, el gobierno les ofrece la reconciliación nacional. Pueden volver a la vida civil siempre y cuando no se pruebe que han cometido crímenes, en ese caso tienen que pagar la condena. Eso es el gobierno, pero la población no perdona. Tú hablas con cualquier civil y les quieren ver muertos porque les han destruido todo lo que tenían, han matado a sus familias, les han destrozado sus casas, sus barrios, les han arrebatado todo y eso no lo van a perdonar tan fácilmente.

Muchos se cuestionan la posibilidad de que Bashar al Asad continúe al mando del país por mucho tiempo. ¿Apoya el pueblo sirio la presidencia de Asad?

Bashar Al Assad tiene más apoyo que nunca, no todo el mundo está de acuerdo con sus políticas pero pregunté a muchísima gente y algunos discrepaban en sus políticas y otros estaban de acuerdo, pero en lo que coincidían era en que él nunca les había abandonado, que pese a la guerra no había abandonado Siria.

Con él sienten que tienen a alguien que les protege, que les cuida. Mismamente Isaam Zahreddine dijo antes de morir: “Te hemos elegido como nuestro pionero, te hemos elegido como nuestro líder, te hemos elegido para siempre Bashar al-Assad”

¿Qué peso tienen las voces que exigen un cambio de gobierno?

El SSNP está creciendo en cuanto a popularidad se refiere, ellos controlan Homs pero no tienen suficiente fuerza como para ganar al partido Baaz que ahora está empezando a utilizar propaganda nacionalista siria en vez de el tradicional nacionalismo árabe, enfrentando así la base de la propaganda del SSNP. Bashar es el más querido y va a seguir así durante bastante tiempo. La cercanía que tiene con su pueblo ha hecho que parezca uno más y eso a la gente le gusta.

Soldado observa la devastación de Aleppo (Enero 2018)
Hassan Ammar / Associated Press

A día de hoy el foco se sitúa sobre Idlib, que sigue en manos rebeldes. Un enfrentamiento abierto en la región podría desatar una verdadera catástrofe humanitaria. ¿Crees que los rebeldes llegarán a un acuerdo con las fuerzas gubernamentales?

Yo lo que quiero preguntar a la comunidad internacional es: ¿no es una catástrofe humanitaria que una región donde han convivido las minorías durante años se haya convertido en un Emirato Islámico? ¿No es una catástrofe humanitaria que Al Qaeda esté gobernando Idlib con terroristas de todo el mundo?

El gobierno sirio a través de Turquía y Rusia ha ofrecido dialogar a los rebeldes, ha ofrecido crear una zona desmilitarizada y la respuesta de Al Qaeda ha sido colgar públicamente a los que querían dialogar, ellos son los que lanzan morteros a las ciudades de Alepo. Claro que morirá mucha gente como ya lo está muriendo a diario mientras la comunidad internacional mira a otro lado. Localidades enteras han quedado vacías porque era o escapar o quedarse y que te decapiten por ser chii, así que como te digo, claro que morirá gente, como en todas las guerras pero es que la otra opción es convertir Idlib en la mayor base de Al Qaeda. En Abu Duhur hay corredores humanitarios habilitados para que los civiles huyan y son los rebeldes los que lanzan morteros para que nadie pueda huir. Insisto, el gobierno ofrece dialogar, ¿qué ofrecen los rebeldes?

Avanzan las tareas de reconstrucción. Imágenes del Ministerio de Turismo de Siria (Noviembre 2018)

La guerra ha sepultado muchas ciudades bajo toneladas de escombros y desplazado a millones de personas. ¿A qué ritmo avanzan las labores de reconstrucción? ¿Tienen los refugiados sirios algún tipo de garantía para regresar a sus hogares?

La reconstrucción va bastante rápido, también se puede ver un compromiso social, es decir, paseas por las calles y puedes ver cómo entre vecinos cuando han terminado de reconstruir una casa, se ayudan para empezar con otra. Por supuesto que hará falta muchísimo dinero, pero hay ciertos países que van a invertir para ayudar a la reconstrucción del país. Destacaría China.

Miles de sirios vuelven a su país cada día porque muchos en ningún momento se han querido ir, pero por circunstancias de la guerra o por vivir en zonas asediadas por los rebeldes se han tenido que escapar. Ningún refugiado quiere probar suerte y seguramente morir en el camino, ahora saben que están a salvo. Están orgullosos de ser sirios y donde más en casa se sienten es ahí. El gobierno está ofreciendo garantías para que la gente vuelva. Ya han vuelto más de 300.000 y quieren que vuelvan 200.000 más para antes de que finalice el año. A los civiles que han huido del servicio militar, se les amnistiará. Bueno, de hecho cuando entré a Siria vi gente esperando para entrar de nuevo al país.

DIEGO MARTÍNEZ