Mamá tradicional

Mi madre tiene un poder imperturbable. Quiero decir que ella ya mandaba antes de que dijeran que las mujeres tenían que mandar. Su jurisdicción es extensa, tanto que incluso hoy me sigue diciendo dónde están las cosas en mi casa. Llevo años viviendo lejos del techo de mis padres, en una ciudad distinta, pero el poder es el poder.

Sorprende que la crítica feminista se haya centrado en el concepto de ‘patriarcado’, porque su significado estriba en la paternidad. Es decir, que no consiste en la dominación de un sexo sobre el otro, sino de la dominación de una generación sobre la siguiente. Sería dominación de eso que llama Hadjadj “la diferencia generacional”, y no la “diferencia sexual”. Desde Abraham hasta Vito Corleone, todos los grandes patriarcados de la humanidad han señalado la relación de poder en la relación padre-hijo, no en la de esposo-esposa en la que la dominación sería eventual, bidireccional y, en muchísimos casos, ficticia. El del padre con el hijo es el único conflicto estrella. Díganselo a Isaac, o a Esaú; a las hijas de Lot, si nos ponemos sexistas; o al mismo Michael Corleone.

Y lo mismo sucede con los matriarcados, no es la hembra sobre el macho, sino sobre sus hijos, ¡e hijas! El matriarcado más carismático es el que estableció el cristianismo, dejando el trono a una mujer, pero no a cualquier mujer como se ve en otras religiones, sino a una madre que sacó adelante a su hijo, soportó la opresión de los romanos y no fue dominada por varón alguno. Y aún tenía el arrojo de orquestar milagros cuando escaseaba el vino. De nuevo, el quid de la cuestión está en su maternidad, no tanto en que San José o el Espíritu Santo se quedasen en casa a fregar los platos. Bien expresa Dante esa razón de su poder: “virgen y madre, hija de tu hijo.”

Aun así, el oleaje feminista arremetió contra la familia tradicional y la institución del matrimonio, por si abundasen patriarcados. Demoliendo toda familia por igual, demolieron también los matriarcados que habían proliferado prósperos en muchas familias conservadoras: tanto monta, monta tanto.

Los éxitos de esta guerra contra familia y matrimonio se alejan bastante de ser victoria femenina, son los machos los alegres. Los Rolling, que no son féminas, en la fabulosa Sittin’ on a fence dicen eso de “all of my friends at school grew up and setteled down/ and the mortgaged up their lives”, ya en 1966. Como si fuera el hombre biológicamente más egoísta y necesitara de una liberación del yugo matrimonial. El carismático personaje de Ryan Gosling en Crazy stupid love lo deja más claro todavía: “la guerra de sexos ha terminado y la hemos ganado los hombres; ganamos cuando ellas decidieron hacer ejercicio con la barra americana”.

El concepto de ‘madre’, como el de ‘padre’, es una forma de describir al ser humano como generoso. Hay otras, pero esta es una de las grandes. Si nos la quitan, se termina la única estructura de poder honrada que conozco.



JAIME Á. PÉREZ LAPORTA