Tradición de amor y dolor

La vida es dolor, princesa, quienquiera que os diga lo contrario pretende engañaros”, dice el Pirata Roberts en La princesa prometida (Rob Reiner, 1987). Lo llevamos inscrito en nuestra tradición cristiana y también en nuestro cine. El conflicto llega cuando estas disquisiciones dejan de ser teóricas y el sabor del dolor ya no proviene, tenue, de un rito o una película, sino de nuestro sangrante día a día.

La imagen de los féretros alineados y anónimos ha ido apareciendo en diversos periódicos y uno no deja de plantearse por qué seguimos doliéndonos tanto, sin encontrar todavía un sentido. Nuestro Getsemaní particular dura más de lo deseado: llevamos meses preguntándonos por qué mueren tantos seres queridos, y por qué solos, y por qué, si podía haberse evitado. Y los porqués de los despidos y del desastre económico también aguardan en un segundo plano.

Cuando Vittorio Messori le preguntó a Juan Pablo II en aquella larguísima entrevista, Cruzando el umbral de la esperanza, por qué hay tanto mal en el mundo si Dios es amor, el Santo Padre contestó: “sin la Cruz, la verdad de que Dios es amor estaría todavía por demostrar”. Porque cuando el mundo sufre, Dios se justifica sufriendo a su lado. Y, leyendo entre líneas al papa polaco, creo que se refería a las cruces de todos, no solamente a la del Cristo.

Sin embargo, preferimos con Antonio Machado no al Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar. Es más alegre, más fácil. Y hasta ese mismo Jesús del madero prefirió, horas antes, que pasara de sí ese cáliz y también gritaría a Dios, justo después, que por qué lo había abandonado. Otra muestra divina de empatía, según Juan Pablo II. Ya que estamos con poesía, recordemos ese soneto anónimo que confirma la tesis pontificia: “Tú me mueves, Señor; muéveme el verte/ clavado en la cruz y escarnecido”. El dolor como prueba y motor del amor, que perdura en el tiempo, que vamos marcando como un ritmo de tambores cada año en la Semana Santa y que va palpitando en nuestras vidas; más hoy, en esta catástrofe.

Hace unos días, el sacerdote Carlos Pérez publicaba ‘El adiós dolorido’, en Alfa y Omega, en el que decía que “la memoria no rebusca en el pasado; espera y pretende el encuentro”. Tal vez nuestra tradición tenga algo de dulce, a pesar de lo amargo. Todas estas derrotas de hoy, esperan un consuelo mañana.

Dice Toni Gallemí en su reciente ‘Los débiles cimientos de Roma’ en La Controversia: “el tierno y consolador abrazo de Dios en uno es en todos, y ese abrazo en la intimidad se extiende ineluctablemente a la humanidad, a través de la columnata de Bernini”. Hágase pues como hicieron nuestros padres, y los padres de sus padres, conservando un anhelo en estos gestos, en el arte, en las tradiciones memorables que perduran y preservan la esperanza. Siempre me llenó de orgullo/, en este dolor,/ ser conservador/ de tan misterioso arrullo.


JAIME Á. PÉREZ LAPORTA

Un comentario en “Tradición de amor y dolor

  1. Hola Jaime Tu comentario ilustrado con Los viejos comiendo sopa me hace reflexionar sobre el dolor humano que acompaña al hombre desde sus orígenes, la civilización se podría definir precisamente así, la lucha del hombre contra el sufrimiento y el dolor Hay dolores antiguos como el que nos pinta Goya en sus pinturas negras A mi me ha inspirado
    esta breve escena teatral para recordar episodios de nuestro país en los que el dolor seguramente fue mucho peor que el nuestro
    Recibe un cordial saludo
    Antonio Ortells

    Dos viejos comiendo sopa

    Habitación oscura del sotano de la casa de los viejos . Muros gruesos. Y desnudos un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón están dos viejos sentados a la mesa comiendo sopa . Por un ventanuco se ve una noche muy negra, pero con estrellas
    El Hombre.- Ya va para siete años que los gabachos fusilaron a nuestro hijo y todavia tengo en la boca sabor a sangre
    La Mujer.- Quiere un poco de sopa le calentara el cuerpo, tiene ajo y huevo, sienta bien al estomago
    El Hombre.- Las ganas de comer hace tiempo que me abandonaron, cuando mastico pan, es como si masticara tierra
    La Mujer.- Con tierra en los ojos es como habia que enterrar al invasor, si puediera, pincharia con alfileres los globos de los ojos de los oficiales ,hasta que le explotaran en su asquerosa cara
    El Hombre.- No hables alto pueden oirte
    La Mujer.- Estamos indefensos, siempre lo hemos estado ante el infortunio y el abuso de los poderosos, pero el limite de las tierras se respetaba
    Ahora ya ni eso. ahora al que protesta le llevan al Monte de Principe Pio y alli esos soldados que no tienen rostro, como la muerte los fusilan
    Todavia veo a la Leocadia, la hija de la Tomasa, la de la tahona, andar por la plaza sin cabeza, porque un mameluco desde su caballo se la habia sesgado con la espada
    El Hombre.- Siguen las campanas doblando a muerto
    La Mujer.- Solo tenemos un hoyo en la tierra y hasta eso nos quieren robar
    estos gabachos
    El Hombre.- Alguien tendra que decirles porque puerta se va a Francia
    La Mujer.- Si que se vaya el tirano pero con el corazon roto y la cabeza machacada como hacen los niños con los lagartos
    Ayer, mientras las campanas de la iglesia doblaban a muerto, los mamelucos se llevaron a la fuerza y con los pechos fuera a la hija menor del matarife ¡que horror ¡cuanto dolor inútil, cuanta injusticia sin venganza
    El Hombre.- No entiendo la direccion del viento ni la fuerza del vendaval, pero el viento siempre esparce las semillas y hace crecer las sementeras
    La Mujer.- Hubiera preferido que aquella noche que asesinaron a nuestro hijo no hubiera habido Luna llena, asi no habria visto aquella camisa blanca que enarbolaba, con los brazos abiertos, como una bandera
    El Hombre.- Yo tambien lo recuerdo asi, junto al cura Lorenzo aferrado al crucifijo, caido sobre aquellos cadaveres ensangrentados
    La Mujer.-Cuanto dolor cuanto sufrimiento inutil entre las patas de los caballos
    El Hombre.- Si al menos supieramos donde van esos inocentes cuando las balas del peloton de soldados mancha de sangre sus viejas y
    sudorosas camisas, me iria con ellos. Quiero morir con dignidad, ! A que otra cosa podemos aspirar los que nada tenemos!
    La Mujer.- En el castillo no se ve ni una luz, todas las ventanas estan ceradas
    El Hombre.- La noche esta tan oscura que parece que nunca mas amanecera
    La Mujer.- El sol saldra como cada mañana …. pero no para todos
    El Hombre.- !Calla! Se oyen ruidos en la calle ¿has puesto la tranca en la puerta? (Apoyando la oreja sobre la puerta) Son los soldados franceses que desfilan por las calles de la ciudad

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