Asia Bibi: Pakistán o un infierno para los cristianos

En junio de 2009, Aasiya Noreen (conocida como Asia Bibi) cosechaba bayas con algunas compañeras de trabajo en un campo de Sheikhupura, en Pakistán. En un momento dado le pidieron que buscara agua en un pozo cercano; ella obedeció, pero se detuvo y se sirvió un poco con una vieja taza de metal que había encontrado junto al pozo. Un vecino de Noreen, Musarat, que había estado involucrado en una pelea con la familia de Noreen, la vio y, amenazándola, le recordó que estaba prohibido que un cristiano bebiera agua del mismo utensilio que un musulmán.

La mujer cuenta que cuando hicieron declaraciones despectivas sobre el cristianismo y le exigieron que se convirtiera al Islam, respondió:  «Creo en mi religión y en Jesucristo, que murió en la cruz por los pecados de la humanidad. Tu profeta Mahoma, ¿hizo alguna vez algo para salvar a la humanidad? ¿Y por qué debería ser yo la que se convierta y no tú?» A partir de ahí se inició una discusión que terminó con Asia detenida, encarcelada y sentenciada a muerte por cargos de blasfemia.

Más del 80% de los musulmanes paquistaníes apoya la ‘sharia’como ‘ley de la tierra’. De entre éstos, casi el 85% defiende la lapidación por adulterio.

Fuente: PEW RESEARCH CENTRE

De acuerdo al sistema de castas en Pakistán, los cristianos —el 2.5% de la población— forman parte del estrato más bajo de la sociedad. A ellos les son reservados los trabajos más “sucios” o “denigrantes” y ocasionalmente viven en situaciones de absoluta servidumbre. El caso de Asia Bibi refleja cómo es habitual que grupos radicales islámicos —con la complicidad del gobierno— justifiquen la persecución de minorías religiosas apelando al delito de blasfemia, por el que han sido acusadas más de 1300 personas desde 1967. Salmaan Taseer, gobernador de Punjab y crítico con la ley de blasfemia, apoyó públicamente a Asia, razón por la que en 2011 fue asesinado por uno de sus guardaespaldas en Islamabad.

Tras el incidente en el pozo, un líder musulmán local, Qari Salem, usó los altavoces de la mezquita para difundir la noticia de la blasfemia e instar a la gente de la localidad a castigar a Asia, que fue duramente golpeada en presencia de sus hijos.

«Lloré sola, poniendo mi cabeza en mis manos. Ya no puedo soportar la mirada de personas llenas de odio, aplaudiendo el asesinato de una trabajadora agrícola pobre. Ya no los veo, pero todavía escucho a la multitud que ovacionó al juez diciendo: “¡Mátala, mátala ! ¡ Allahu Akbar !” El tribunal fue invadido por una horda de euforia que derribaba las puertas cantando: “Venganza por el santo profeta. ¡Alá es grande!” Después me arrojaron como un viejo saco de basura en la camioneta… A sus ojos, había perdido toda la humanidad» (Asia Bibi)

En junio de 2017, un trabajador cristiano de aguas residuales murió en un hospital paquistaní porque tres médicos musulmanes se negaron a tocarlo por “impuro” mientras ayunaban en Ramadán.

Fuente: OPEN DOORS

Manifestantes en Lahore, Pakistán, pidiendo la muerte de Asia Bibi
Arif Ali / AFP

La comunidad internacional pidió la liberación de Asia y después de nueve años de vejaciones y abusos en prisión y las peticiones de dos papas
—Benedicto XVI y Francisco I— el pasado octubre, el Tribunal Supremo la absolvió citando «contradicciones materiales y declaraciones inconsistentes de los testigos» que «arrojan una sombra de duda sobre la versión de los hechos de la Fiscalía». Miles de paquistaníes se manifestaron en las calles pidiendo su ahorcamiento, y la buscaron casa por casa para darle muerte.

Sin embargo, en noviembre, el gobierno firmó un acuerdo con el partido político Tehreek-e-Labbaik (TLP), que lideraba las protestas, prohibiendo a Asia abandonar el país. Se cree que todavía sigue allí.

Mientras tanto, la familia de Asia Bibi solicitó asilo al Reino Unido. Los ingleses se negaron. ¿La razón?: las autoridades británicas temen la reacción de la comunidad paquistaní y de los integristas islámicos que deambulan por sus calles.

Conviene no olvidar que allí, en Londres, entre 1997 y 2013, clanes mafiosos de origen paquistaní abusaron de casi dos mil niñas. La corrección política tapó el crimen entonces. Esperemos que, al menos, haya servido para preguntarnos: ¿es ésta la Europa que queremos?

DIEGO MARTÍNEZ

Sufís: los místicos perseguidos por la yihad

Te pareces a un mosquito que se cree importante. Al ver una brizna de paja flotando en un charco de orina de cerdo, el mosquito levanta la cabeza y piensa: “Hace mucho tiempo que sueño con el mar y con un barco, ¡y aquí están por fin!”.

Son palabras del poeta Yalal ad-Din Muhammad Rumi, nacido hace 800 años en Persia y considerado uno de los grandes maestros de la tradición sufí.

El compositor francés Armand Amar musicalizó el Poema de los Átomos de Rumi

El sufismo o Tasawwuf (تصوف) es una corriente mística nacida en el seno del Islam entre los siglos VIII y IX. Se trata de una tradición de iluminación que hunde sus raíces en los tiempos de Muhammad, pero que a través del tiempo se ido ramificado en distintas tariqah (cofradías) dirigidas siempre por un maestro espiritual. 

Rumi no fue la única mente brillante dentro del sufismo. Al Gazhali (1058 – 1111) escribió la principal obra de referencia de la espiritualidad islámica, El resurgimiento de las ciencias religiosas, y Ben Arabí (1165 – 1240), nacido en Al Ándalus y conocido como el Más Grande de los Maestros por sus aportes a la filosofía, la teología o la poesía, es toda una institución en el Islam. Por otra parte, la poesía espiritual sufí sirvió de influencia a místicos de la talla de San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís o Santa Teresa de Jesús.


Mi alma es de otro lugar, estoy seguro de eso, y tengo la intención de terminar allí.

Rumi

El sufismo se caracteriza por la búsqueda de una relación personal con Dios a través de la introspección y el silencio, la música o el baile. Kabir Edmund Helminski, Sheik de la Orden Maulevi fundada por Rumi, sostiene que «el verdadero Sufí es aquel que no reclama para sí ninguna virtud ni verdad, sino que vive una vida de presencia y amor abnegado». 

Tradicional dhikr sufí

Los seguidores de la tariqah Maulevi son conocidos mundialmente como “derviches giróvagos” por la particular danza (sema) a través de la que, cantando y coordinando sus movimientos con el flujo de la respiración, giran sobre su propio eje logrando un profundo estado de trance.

Pero el sufismo no es tanto una religión como un camino (surk) que atraviesa distintas estaciones (maqaam). Su carácter transversal hace que aparezca tanto en el mundo suní como en el chií, siendo perseguido al mismo tiempo en ambos.

Son varias las razones por las que la comunidad sufí es perseguida en  países islámicos como Somalia, Mali, Egipto o Libia. Su rechazo al legalismo y su visión estricta de la sharia (la ley islámica) son algunas de ellas. Pero es fundamentalmente la adoración de los santos la causa principal por la que son tachados de ‘herejes’ y ‘politeístas’ y muchos de sus santuarios y mezquitas son arrasados.

Ataque a un santuario sufí en Pakistán, 2017
Reuters / Akhtar Soomro

Hace poco más de un año, Egipto —donde en torno al 20% de la población se declara sufí— sufrió uno de los peores atentados de su historia reciente. 305 personas, de entre las cuales 27 eran niños, fueron asesinadas en la mezquita de Al Rauda, frecuentada por fieles sufíes. Sucesos similares se dirigen contra la comunidad sufí a diario en África y Oriente, ante el silencio o la complicidad de las altas esferas de la política.

 Y es que la espiritualidad, a diferencia de la religiosidad impostada, no consiste en obedecer ciegamente rigurosos tratados de usos y costumbres con valor de ley. Y los sufís lo saben mejor que nadie.

DIEGO MARTÍNEZ