Wandervögel: la juventud errante

La juventud germana está descubriendo la sabiduría de Oriente, atacando al materialismo, alabando la espontaneidad, retornando comunalmente al campo, y vituperando la política […]. He tenido el privilegio de caminar con la juventud de otro mundo […]. Con su espíritu, el antiguo cielo y la vieja tierra —de sospecha y egoísmo y odio— quedarán atrás.

De esta forma describía Stanley High el movimiento juvenil surgido en la Alemania Guillermina anterior a la Gran Guerra. En el seno de una sociedad cada vez más industrializada, la necesidad de volver a los orígenes se hizo patente en los espíritus más jóvenes y apasionados.

La hipocresía del mundo burgués, la sensación de desapego a la naturaleza y de servidumbre a lo material y el creciente desinterés por las cosas del espíritu propiciaron el nacimiento de movimientos contraculturales de ruptura con la nueva época social. Uno de ellos fue el movimiento juvenil Wandervögel (Aves Errantes), coetáneo del modernismo de Rubén Darío que, a diferencia de este, surge sin una verdadera intención de impulsar un cambio social. Nacido en la Alemania imperial de finales del siglo XIX, el auge de este grupo de pioneros scouts podría considerarse el precursor del ‘hippismo’ de los 60.

La ciudad había cumplido su objetivo, según Marquina. Consiguió despertar en parte de la juventud alemana el deseo de volver al campo. Así nace en 1896 el movimiento Wandervögel, establecido oficialmente en 1901 de la mano del profesor Karl Fisher, discípulo del botánico Hermann Hoffmann. Con ciertos toques nacionalistas y sin renunciar al aire de grandeza atávica que desprendía la Alemania teutónica, Fisher pronto transmitió a su círculo el espíritu de aventura y el amor por la libertad, la naturaleza y el folclore. Los jóvenes Wandervögel desarrollaron un movimiento contestatario contra la superficialidad burguesa, la moda o el abuso del alcohol y el tabaco, síntomas de decadencia moderna. Se retiraron a las afueras, desarrollaron su propio código de vestimenta, destilaron conductas pacifistas y cantaron con sus guitarras.

Este grupo de adolescentes apuntaban, según el historiador británico Peter Stachura, «a afirmar el anhelo juvenil de ser reconocidos como una entidad en sí misma, y de hallar la forma de despertar un sentimiento de determinación en una sociedad que sentían como demasiado rigurosa, compleja y materialista». Los Wandervögel, afirma el autor, «canalizaban su protesta mediante una confusa forma de escapismo romántico que añoraba un retorno a las simplicidades de una naturaleza no adulterada y a una vida agreste no complicada». Los jóvenes errantes preferían la pasión a la razón y el hedonismo a la jerarquía. Stanley High expresa: «Nada tan claramente detestado como la imposición de una autoridad convencional y nada tan amado como la naturaleza».

De sí mismos, los Wandervögel decían «volar desde los confines de la escuela y la ciudad a un mundo abierto, alejado de los deberes académicos y la disciplina de la vida cotidiana en una atmósfera de aventura».

La mitología, el arte y la historia cobraron gran importancia dentro del movimiento, que llegó a establecer sus campamentos o ‘nidos’ en castillos abandonados. Incluso la propia denominación encierra un profundo carácter simbólico. Fue Otto Roquette, autor y filólogo germano, quien inspiró con uno de sus poemas el nombre de los Wandervögel:

Ihr Wandervögel in der Luft, / im Ätherglanz, im Sonnenduft / in blauen Himmelswellen, / euch grüß’ ich als Gesellen! / Ein Wandervogel bin ich auch / mich trägt ein frischer Lebenshauch, / und meines Sanges Gabe / ist meine liebste Habe.

Sus aves migratorias en el aire, / en el éter, en el sol / en ondas de cielo azul, / ¡Os saludo como compañeros! / También soy migrante / tengo una vida fresca, / y mi regalo de canto / es mi querida.

Asimismo los jóvenes dispusieron de su propia publicación, Schülerwarte (‘El observador escolar’), y el movimiento, lejos de establecerse en torno a unos cuantos adolescentes excéntricos e idealistas, contó con una poderosa influencia intelectual. Autores como Gusto Graser, artista y poeta alemán defensor de un modo de vida alternativo, resultaron determinantes en la creación del estilo contracultural de finales del s. XIX y principios del s. XX. Graser fue, a su vez, mentor de Hermann Hesse, quien sería recordado «como el eslabón entre la contracultura europea de su juventud y sus descendientes posteriores en América». Hesse se estableció la comuna del pequeño pueblo de Ascona buscando una cura a su alcoholismo donde, posiblemente, el ambiente espiritual que se respiraba influiría en obras como Siddharta o El lobo estepario.

Una vez más, Stachura recuerda: «El movimiento juvenil fue, a su manera, un microcosmos de la Alemania moderna. Pocos fueron los dirigentes políticos, e incluso menos los intelectuales, entre las generaciones nacidas entre 1890 y 1920, que no fueron alguna vez miembros del movimiento juvenil, ni influenciados por él en sus años más impresionantes». Los Wandervögel se extendieron rápidamente por toda Alemania, llegando hasta Praga y Viena y creando posteriormente réplicas en Japón.

Por otra parte y pese a reflejar las grandes preocupaciones intelectuales de la época, el movimiento trató de mantenerse siempre al margen de la política difundiendo consignas como: «Nuestra falta de propósito es nuestra fortaleza». Según el historiador británico, «al principio era de carácter no político, o más bien deseaba serlo, pero fue gradualmente atraído hacia una confrontación con las cuestiones dominantes de la época». Para otros autores como Walter Laqueur, este apoliticismo fue un fallo rotundo porque había dejado «un vacío peligroso presto para ser ocupado por el relativismo moral y el nihilismo». También John Gillis, historiador norteamericano, parece referirse de este modo al ocaso del movimiento: «La imagen de la dependencia y la inmadurez se convirtió gradualmente en el principio de funcionamiento de todos los organismos estatales y voluntarios que se ocupan de la educación y el cuidado de ese grupo de edad».

Ya durante la Primera Guerra Mundial, muchos jóvenes fueron movilizados y la comunidad comenzó a mostrar signos evidentes de debilidad escindiéndose en pequeños grupos, muchos de ellos fuertemente politizados. Además, la crisis económica de 1929 hizo que el estilo de vida errante propio de los Wandervögel se transformase en inevitable y medio millón de adolescentes se vieron obligados a vagar sin rumbo por el país. Así, cientos de muchachos comenzaron a mostrar comportamientos salvajes y conductas depravadas como el ejercicio de la prostitución o las frecuentes orgías y borracheras.

En 1932 Daniel Guerin, periodista francés de paso en Alemania, afirmó al encontrarse con una de estas bandas de adolescentes: «Parecían Wandervögel pero tenían los rostros afligidos y depravados de los rufianes y las más extrañas coberturas en sus cabezas: chaplinescos bombines negros o grises, sombreros de mujer mayor con las alas vueltas hacia arriba y adornadas con plumas de avestruz y medallas».

Un año después, tras el ascenso al poder del nazismo en 1933, el movimiento Wandervögel fue ilegalizado respondiendo a la voluntad de encuadrar a los jóvenes en una nueva organización: las Juventudes Hitlerianas. Muchos se adhirieron a éstas mientras que otros crearon grupos de oposición al III Reich.

Tras la Segunda Guerra Mundial se produjo un intento de recuperar el movimiento Wandervögel. En la actualidad sigue activo en algunas ciudades y cuenta con unos 5000 miembros, la mayoría en territorio alemán.

DIEGO MARTÍNEZ

Artículo publicado en Democresia.es el 26 noviembre de 2017

Japón o Seppuku

25 de noviembre de 1970, silencioso y oscuro, el último samurái japonés se disponía a encender una última llama de salvación social, política y espiritual a Japón. Portando un emblema japonés en la cinta de su frente y con cuatro de sus más fieles y entrenados mandos miembros de la sociedad paramilitar llamada ​“Tatenokai”​ (La Sociedad del Escudo) cuya misión simbólica era dar la vida por el Emperador. Mishima hace acto de presencia.

Se adentra en el Cuartel de Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón y tras amordazar a Kanetoshi Mashita, comandante en jefe del Ejército, forma barricadas en su despacho y se dirige hacia el balcón para lanzar un mensaje atronador a los soldados del ejército japonés que, a las afueras, contemplaban su acción.

Sin temor a la muerte ni a las consecuencias, estaba decidido a recuperar la soberanía y los valores de un pueblo inmerso en la podredumbre de lo moderno. Dirigido. Una especie de revancha de una Guerra en la cual no pudo participar por tuberculosis, y que quemaría poco a poco su espíritu.

Uniforme militar, firme mirada, a viva voz y como si un rayo de luz atravesara sus entrañas promulgó:

«¡Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual (…) hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones (…) el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurái (…) cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros (…) Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día (…) El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿Por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos (…) ¡Salvemos al Japón, al Japón que amamos!»

Nadie le escuchó y Mishima humillado, entró de nuevo en el cuartel y meticulosamente, comenzó con el código tradicional y ritual de suicidio “​Sepukku”​. A sus 45 años un genio de la literatura contemporánea caía en las sombras, para siempre.

Su muerte fue la abdicación del Japón Antiguo e ilustres de la literatura acudieron a su entierro. Entre ellos su mentor y premio nobel Yasunari Kawabata.

Entre sus obras más destacadas está su autobiográfica ​“​Confesiones de una Máscara”. Sed de amor” (1950), “Color prohibido” (1954), “El pabellón de oro” (1956), “El marinero que perdió la gracia del mar” (1963), y su tetralogía “El mar de la fertilidad” (1970) en la que se incluyen “Nieve de primavera”, “Caballos desbocados”, “El templo de alba”, “La corrupción de un ángel”, “El rumor del oleaje” (1956), “Después del banquete” (1960), “Música” y “Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis”.

Obras teatrales como “La marquesa de Sade” (1965) y su cortometraje “Yokoku”, llegando a representar en el su propio suicidio.

Consiguió el Premio Shincho, el Premio Kishida por Drama, el Premio Yomiuri a la mejor novela, y el Premio Yomiuri por el mejor drama. Siendo candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones.

Una estancia en este mundo marcada por el tormento paulatino y la necesidad de exponer al mundo su visión de la vida de forma artística, la cual nos enseña cómo la decadente sociedad posguerra mundial corrompe los espíritus. Haciendo mella en aquellos que aún conservan los valores antiguos y llevándolos como última opción, al igual que su mentor Kawabata entre otros muchos héroes, a una victoria honrosa y un merecido descanso. La muerte.

@kimitakhiraoka