Vindicación de las charos para ganar la familia

Charos Shutterstock / The Atlantic

Mi madre me lleva diciendo, desde que tengo uso de razón, que va a fundar el partido Madres Pesadas (MP) aduciendo que todos los hijos piensan eso de sus madres. El partido se fundamentaría en señalar que las madres rigen el hogar y que si no es por ellas, no estaríamos donde estamos. La verdad que me cuesta pensar en un mejor gestor económico que mi madre. Pienso que una alternativa al nombre podría ser Más Madres (MM). Más madres en política es lo que parecía reivindicar en campaña la izquierda malasañera de Íñigo Errejón. Si algo ha demostrado Mónica García, médico y madre (MM), en las recientes elecciones madrileñas es que alardear de tener una familia continua teniendo cierto tirón electoral.

Entre mi grupo de amigos de cínicos zoomers, solemos bromear sobre que el PSOE State of Mind teorizado por el filósofo Quintana Paz, se sostiene indudablemente en las Charos. Para todo aquel que no lo sepa, la charo es ese animal humano, de género hembra y ex-gestante que ha finalizado la tarea de crianza y encuentran su ámbito de socialización en asociaciones donde pinchan canciones de Serrat, Ana Belén o Víctor Manuel. Son el suelo electoral del PSOE, el espejo de Carmen Calvo o María Teresa Fernández de la Vega. Su génesis se encuentra en los AMPAS de los colegios, cuando las madres se reúnen preocupadas por la educación que reciben sus hijos. Más adelante, la charo se tiñe y se corta el pelo. Se convierte en líder de opinión en su barrio, en la cafetería donde asiste a diario a tomar el café y en las tiendas de cercanía que frecuenta. Por eso, la charo, corre el riesgo de convertirse en especie en peligro de extinción.

Los valores woke, tan serviles al capitalismo de consumo actual, imponen la segregación de los individuos, el peligro del grupo. Ahora lo empoderante es alcanzar la treintena en un piso compartido, escribiendo tu nombre en la lata de fabada para que no te la robe el semi-desconocido con el que vives, tal y como afirma Pedro Herrero en la entrevista que realizó a la best-seller Ana Iris Simón para su podcast, Extremocentro. El feminismo habla de los cuidados, es corriente escuchar a mujeres en edad universitaria que a ellas “les cuidan sus amigas” y por supuesto que es importante romper con la lógica individual, que es importante preocuparte por los que te rodean. Pero no hay mejor cuidado que el de compartir tu vida con alguien con una familia en el horizonte. Hoy la pareja se ha sustituido por el cactus del alféizar de tu ventana, por un gato o por el videojuego de turno.

No hay mejor cuidado que el de compartir tu vida con alguien con una familia en el horizonte

La familia no es funcional al capitalismo uberizado actual, que requiere de personas muy dispuestas a cambiar de trabajo y residencia de manera más o menos frecuente. Este modelo fuerza a elegir entre la promoción laboral y la estabilidad. Un éxito profesional que nos deja exhautos, completamente abúlicos. Cabría preguntarse si el verdadero éxito vital no reside en querer compartir tu vida con una persona por el resto de tus días. Y lo que es más importante, conseguir compartirlo. ¿No es acaso un proyecto mucho más ilusionaste que el desorden afectivo y sexual que se nos ha vendido como empoderante? Yo, al igual que afirmó Víctor Núñez en PlayZ, también pienso que hay amores mejores y peores.

¿Y dónde entran las charos en la ecuación? La respuesta es más o menos obvia: las charos son las madres de familia activas. El centro de los cuidados, del hogar. Y si se nos vende que no tener una familiar es lo preferible, nos quedamos sin las factótum caseras, sin la chispa última que mantiene el calor del hogar. Por eso pienso, que en esta guerra cultural contra las lógicas de un capitalismo que deja a la juventud completamente abúlica, debemos ganarnos a las madres. A todas, a las nuestras y a las futuras, se deben elogiar y hacerse partícipes de los valores de cuidado y atención. De preocupación, de sacrificio, de un amor completamente desinteresado y sincero. Debemos, como hombres, participar de ello. Y no porque sea profundamente contracultural, sino porque es lo más justo y necesario.

La alianza con las charos es necesaria para reivindicar la vida en familia

En la conversación radiofónica entre Herrero y Ana Iris, la manchega indicaba que el feminismo se había centrado en señalar como deseable las actitudes masculinas como el éxito laboral y el desorden afectivo en lugar de hacer ver que son los hombres los que deben apreciar y adoptar los roles femeninos. Ganar el charato contra la anarquía posmoderna supone ganar la unidad social básica: la familia. En el mayoría de los casos nuestras Carmenes Calvo particulares, rechazan la horrible teoría Queer y, como a nosotros, les aterra la soledad impuesta en los tiempos que corren. La alianza con las charos es necesaria para darle la vuelta a la tortilla cultural, para reivindicar la vida en familia. Necesitamos, en fin, poner en valor las familias, y por lo tanto, también a las charos.

JUAN HERNANDO QUEVEDO

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No hay mejor cuidado que el de compartir tu vida con alguien con una familia en el horizonte