La Patria

«Homecoming Marine», Norman Rockwell

Seis son las letras que forman una palabra bajo la que se cobija una causa común. Una manera de entender los asuntos de otros como propios. En ella no rigen las normas de los grandes mercados internacionales. El orden moral es el que se encarga de que todo funcione a través del compromiso de aquellas personas capaces de asumir responsabilidades frente aquellos con los que han tratado. El eje vertebrador que la sustenta está basado en el sacrificio individual para alcanzar el beneficio colectivo. Aquí no tienen cabida los ratios de coste o beneficio. Consiste, como decía Scruton, en «continuar la cadena del dar y recibir. Cadena mediante la cual nos mantenemos unidos con los que anteriormente formaron parte de ella y ligados a sus futuros herederos como responsables de lo que ellos reciban para poder seguir sosteniendo esta causa común». Una causa común que solamente entiende de amor y de un sentido de pertenencia sin los que jamás podremos hacer esos sacrificios por otros. Pero este no es un amor moderno. Es un amor al prójimo. Es un amor que se trabaja en el día a día y para el que son necesarios valores como la lealtad y la confianza. Y es que sin amor no hay nada. Es lo que nos mueve a mejorar en la vida, que mis hijos y los hijos de mis hijos tengan todas las facilidades para prosperar en un futuro ligado a mejorar ese sentimiento e idea común que es la patria. Porque no se trata de que mis hijos como individuos tengan éxito, se trata del deber de contribuir para que los hijos de las personas que no conocemos pero que forman parte de este concepto social de la patria puedan labrarse un prometedor porvenir. 

Pero para que todo esto sea posible debemos de entender el error que lleva a aquellos que Roger Scruton menciona como homo oeconomicus, de los que forman parte los individuos que anteponen los intereses económicos a los sociales. Debemos dejar a un lado las teorías liberales que abanderan la causa del individuo frente a la sociedad, porque no tienen otro objetivo crear cantidades ingentes de capital que satisfagan las necesidades, que previamente han sido creadas, de unos individuos que no se sientan identificados con nada y que no entiendan de otra patria que no sea la suya. Ellos pretenden hacer de la sociedad una empresa sobre la que apliquen las normas económicas de escuelas como la austriaca y antepondrán cualquier sacrifico social con tal de lograr su objetivo. La respuesta de Scruton frente a esta amenaza consisten en reivindicar la oikofilia: «el amor del Oikos, que significa no solo la casa sino las personas que contiene y los asentamientos vecinos. Es el escenario de la primera persona del plural de la política, locus, tanto real como imaginado, en el que “todo tiene lugar”». Y por si alguno se pregunta cuales son nuestros mejores aliados para combatir esto, encontrará la respuesta en la familia, en las tradiciones y en la cultura que forman nuestra alegre y bella patria.

JAIME CLEMENTE