El nihilismo recorre la música española

'Brindo', la última apuesta de Taburete

Era el año 2008, el mercado alcanzaba cotas de plenitud absoluta. El paraíso capitalista parecía a punto de completarse, con un mercado copado de bienes y promesas de un futuro mejor. Sin embargo, un jovencísimo grupo madrileño publicó un disco de rock independiente en el que la ausencia de sentido se hacía patente. Un malestar nihilista con el placer prometido por el mercado, una queja contra nadie y sin nadie que la escuchara. Una apuesta por la belleza de las letras frente a la falta de sentido. “Por el día nos encierran en sus jaulas de cemento y aprendemos del león”.

Así arranca la letra de ‘Un día en el mundo’, de Vetusta Morla. Compuesta un tiempo atrás, la canción completa su significado con el devenir de los tiempos: el 15 de septiembre de ese mismo año se produce la quiebra de Lehman Brothers y el mundo convulsiona tras un profundo letargo. El sueño capitalista se hace añicos por momentos, las familias americanas pierden sus ahorros invertidos en bonos basura, el crédito se paraliza, los negocios cierran, los trabajadores pierden sus empleos y todos descubren de pronto que la promesa de felicidad del mercado era falsa. Entonces llega la pobreza y los agujeros de la crisis económica se llenan con una profunda crisis moral (la enésima) en Occidente. Wall Street cae y, con él, los valores económicos que habían venido a sustituir a los valores morales. No queda nada y el nihilismo campa a sus anchas entre la juventud, una juventud que en España meses antes cantaba: “Mírame soy feliz / Tu juego me ha dejado así / Consumir, producir / La sangre cubre mi nariz”.

Como el óxido al levantarse, los años siguientes fueron revelando capas y capas de podredumbre que se materializaba en destrucción de empleo y penurias. En España, 2009 trajo un incremento de cerca del 20 por ciento en el número de parados y una brecha abismal en el desempleo juvenil. El cuarto trimestre de 2008 España contaba con una tasa de desempleo juvenil (menores de 25 años) de 28,97. El primer trimestre de 2009 pasó a ser del 35,94. Y no paraba de crecer. El progresismo de Zapatero, tan cacareado entre el mocerío patrio, también resultó ser un fraude. La generación de la ceja pasó a ser una generación desheredada y arrancada del futuro, lanzado a un eterno e infantil presente en el que era imposible madurar mientras huían despavoridos de España.

Pero a sus mayores tampoco parecía importarles, tampoco tenían trabajo. Vetusta Morla seguía sonando (y los jóvenes soñando) con ‘Copenhague‘ y las progresistas socialdemocracias nórdicas. Una vida sin futuro pero también sin responsabilidad. El triunfo, como huida hacia delante, del individuo aislado. “Él corría, nunca le enseñaron a andar / Se fue tras luces pálidas / Ella huía de espejismos y horas de más / Aeropuertos, unos vienen, otros se van / Igual que Alicia sin ciudad / El valor para marcharse, el miedo a llegar / Llueve en el canal / la corriente enseña el camino hacia el mar / Todos duermen ya / Dejarse llevar suena demasiado bien / Jugar al azar / Nunca saber dónde puedes terminar / O empezar”.

Llegaron los indignados, Democracia Real Ya. En 2011, el 15M. Los jóvenes, y no tan jóvenes, desencantados con la izquierda bramaban contra la injusticia del sistema que les auguraba la dicha terrena. El paro juvenil llegaba al 45,81, pero no tenían contra quién lanzar su ira. Iban contra la democracia representativa (“que no, que no, que no nos representan”). Se acuñaron las siglas “PPSOE”, la izquierda sola no podía cargar con la culpa del desastre. Son los años de la Gürtel, las tarjetas black, y los desmanes en Andalucía y en los que cae la venda que la sociedad se había puesto para no tener que mirar las corruptelas de sus gobernantes. Una mala fe compartida y en las que todos, en mayor o menor medida, habían participado: las facturas sin IVA, los pagos en B, los favores, los chanchullos…

Incapaz de continuar la farsa, con un Gobierno que hacía aguas y un paro que continuaba creciendo, Zapatero adelantó las elecciones al 20 de noviembre de ese año. Una (pretendida) funesta reminiscencia cabalgaba sobre el (supuesto) temor colectivo: ‘20N, vuelve la derecha’. Y la derecha volvió con una aplastante mayoría mientras la izquierda cosechaba sus peores resultados en la democracia española hasta la fecha. Pero el temporal no amainó. Los “recortes” de un desmedido gasto público continuaron, así como la precarización del empleo. Los pobres mileuristas se convirtieron en millonarios frente a los salarios de los nuevos contratos. Llegó la reforma laboral en 2012, pero el paro juvenil no alcanzó su máximo hasta un año más tarde, en el primer trimestre de 2013: 56,92 por ciento.

Imagen de la Puerta del Sol la noche del 15M de 2011 | EFE

Mientras tanto, el grupo madrileño había publicado ‘Mapas’ en 2011, compuesto también años atrás, venía a ser la continuación de su primer álbum, con letras que ya apostaban claramente por el esteticismo frente al absurdo. Melodías melancólicas para letras plásticas en las que tan sólo quedaba el rastro de una voluntad por afirmarse en su propia existencia (Lo que te hace grande, Escudo humano). Ni rastro del placer, y sólo un tema un poco más movido, ‘El hombre del saco’, augurio, en todo caso, de lo que estaba por venir.

En 2014 sacan nuevo disco, ‘La deriva‘. Golpe maestro, su punta de lanza, fue publicado el 23 de febrero y supuso toda una declaración de intenciones. Las metáforas perdieron gran parte de su efectismo y plasticidad hasta tornarse en burdas comparaciones y juegos de palabras. La sal, ‘moneda’ con la que se pagaba a los soldados romanos, y de la que deriva la palabra salario, fue “metida en sobres” que entregaba el tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. Ellos fueron, en opinión de la juventud, los responsables de haber desmantelado su futuro y de haber provocado su nihilismo. “Fue un atraco perfecto / Fue un golpe maestro / Dejarnos sin ganas de vencer / Fue un atraco perfecto / Fue un golpe maestro / Quitarnos la sed”.

O casi, puesto que, tal como concluían, “fue un atraco perfecto / Excepto por esto / Nos queda garganta, puño y pies / No fue un golpe maestro / Dejaron un rastro / Ya pueden correr / Ya vuelve la sed”. Pocos días después, Pablo Iglesias, quien hoy es vicepresidente del Gobierno escribía en Twitter: “Golpe maestro, qué temazo de Vetusta Morla. De esos que hacen sentir que podemos”. Y así fue, pudieron. Con el consentimiento explícito del grupo, el tema se convirtió en la banda sonora para las elecciones europeas, protagonizando anuncios electorales (hoy desaparecidos de la red) y mítines, llegando a sonar en el cierre de la campaña, el 23 de mayo de 2014, en la Plaza del Museo Reina Sofía de Madrid.

El paro juvenil seguía por encima del 53 por ciento y el resultado (y los subsiguientes) ya lo sabemos: capitalizaron la crisis. Podemos obtuvo 1.253.837 votos y 5 escaños. Un año después, en las elecciones generales celebradas el domingo 20 de diciembre de 2015, Podemos logró 3.198.584 votos, más los 929.880 de En Comú Podem. Ni el PSOE ni el PP consiguieron formar gobierno. En 2016, tras la legislatura fallida, 3.227.123, más 853.102 votos de En Comú. Tras cuatro duros meses de negociaciones, el PP consiguió formar gobierno con la abstención del PSOE y la defenestración de Pedro Sánchez como su líder, tras el resultado catastrófico en las urnas. Sin embargo, en mayo de 2018 la Audiencia Nacional consideró probado que se había metido “sal en sobres”, tal como reza el verso de la canción, lo que determinó la moción de censura y la salida del PP de su líder, Mariano Rajoy. Llegado al poder tras resurgir de la nada, Sánchez se vio obligado a convocar de nuevo elecciones. Podemos empezó a perder votos. Se volvieron a convocar elecciones. Y el resultado aún lo tenemos ante nuestros ojos.

Por otra parte, el pasado 31 de diciembre, China comunicó oficialmente a las autoridades internacionales que había detectado 27 casos de un nuevo síndrome respiratorio agudo. Por entonces todavía se llamaba SARS-CoV-2. El resto es demasiado cercano como para narrarlo sin pudor y sin dolor. Baste señalar que el INE recoge un exceso de mortalidad de más de 70.000 personas respecto a los años anteriores. Todavía es imposible diagnosticar el daño a la economía. Pero hay otro dato: en el tercer trimestre del año, el paro juvenil ha vuelto a las cifras de 2011: 40,45 por ciento.

El sistema se enfrenta a una renovada adolescencia descreída, enfrentada a sus mayores y rebelde contra todos y contra nadie

Tras el confinamiento decretado por el Estado de Alarma, la entrada de Pablo Iglesias en el Centro Nacional de Inteligencia, las dudas sobre la información que manejaba el Gobierno antes de la huelga feminista del 8M, las cifras bailantes de muertos, Fernando Simón, el chalé de Galapagar, los ERTEs, y un paro general que ya ha empezado a aumentar, el clima de la juventud recuerda a los años mozos de la crisis, con una renovada adolescencia descreída, enfrentada a sus mayores y rebelde contra todos y contra nadie: contra el sistema. La izquierda, como ya sucediera con Zapatero, parece perder fuelle y, al igual que entonces, no parece haber alternativa viable. La diferencia es que ahora sí que está prohibido reunirse, incluso para manifestarse contra los que se manifestaban contra la ley mordaza, los mismos que ahora se han erigido en guardianes de la verdad. Y como no se puede ir al 15M, los chavales se van de botellón a ponerse hasta las cejas –aunque esta vez no sean las de ZP–.

En este clima de desconfianza, el indie rock ha vuelto a escena. Con acordes que recuerdan a algunas de las canciones de Vetusta Morla –especialmente a 23 de junio, que también es un vals–, Taburete, el grupo liderado por el hijo del extesorero del PP, Willy Bárcenas, ha publicado este 18 de noviembre, ‘Brindo’.

Herederos de Hombres G, con quienes han compartido escenario, y del espíritu pijo-rebelde –pijiprogre, que también lo llaman–, entraron a escena en 2015. Y el hijo de Bárcenas no es la única ‘cara conocida’. Antón Carreño, otro de sus componentes, es nieto de Gerardo Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE.

Guapos, jóvenes, y desenfadados, representan la máxima expresión de lo que ahora se ha dado en llamar el cayetanismo, que podrían ser perfectamente los hijos y los nietos de “la casta”. Y así lo traducían hasta ahora sus letras y sus melodías, suaves y pegadizas, con videoclips llenos de gente guapa, y especialmente, de chicas guapas, véase, por ejemplo, ‘Sirenas’. O su versión ‘canallita’ de ‘El toro y la luna’, donde incluso hacen sus pinitos reciclando vidrio para salvar el planeta, como si de un anuncio de Ecoembes se tratara.

Sin embargo, ‘Brindo’ es un nuevo himno indie que rezuma nihilismo y rebeldía. En el videoclip, hecho por animación, los protagonistas se infiltran en una fiesta de políticos reptilianos –y los cerdos de sus guardaespaldas–, que planean instaurar el Nuevo Orden Mundial, para asesinarlos. La letra, sin embargo, no acompaña la violencia de las imágenes. Un vals un tanto aniñado –con un “joder” en mitad de la letra– repleto de palabras bonitas y buenos sentimientos, una disonancia congnitiva coronada por el primer verso de la canción: “Voy a matar al león del vacío / que nos falte hoy”.

‘Brindo’ es un nuevo himno indie que rezuma nihilismo y rebeldía

La forma de presentar la canción tampoco deja lugar a dudas de su intención combativa. “Peones en el tablero, titiriteros de los que moldean a su gusto las circunstancias, presos de la telaraña esperando escuchar el sonido que hace la fiera cuando intuye cerca a su presa, jugadores sin un AS bajo la manga. Así nos ven quienes juegan, así nos brindan quienes nos bailan; jaque mate por la escuadra”, han dejado escrito bajo el clip de ‘Brindo’ en YouTube.

El líder de Vox, Santiago Abascal, al igual que otrora hiciera Iglesias, se ha apresurado a celebrar el nuevo tema del grupo:

¿Es este el nuevo rostro de la juventud nihilista española? ¿Es el nihilismo ahora algo ‘de derechas’? ¿A esto se referían con dar la batalla cultural? ¿Qué piensa hacer Taburete después de matar a los reptilianos y a los cerdos del Nuevo Orden Mundial? Y, sobre todo, ¿es el león de las canciones de Vetusta Morla y Taburete la segunda etapa del Nihilismo, tal como lo definió Nietzsche en Las tres transformaciones de ‘Así Habló Zarathustra’?

Así parece, desde luego, escuchando a Willy Bárcenas diciendo que va a matar “al león de apetito constante” y a sentirse mejor “cuando todo esto acabe”, aunque no sepamos muy bien cómo va a acabar esto. Quedan muchas dudas y solo una certeza: el nihilismo (naïf y estéril) recorre, de nuevo, la música española.

PD: Por mi parte, espero que si algún día llega la revolución, tenga como banda sonora la música de una verbena popular, donde todos, guapos y feos, bailamos a gusto y compartimos la comida y la bebida con nuestros hijos y padres en honor de nuestros abuelos.

Anuncios