El mundo desde una perspectiva china

Xi Jinping en la sesión de clausura del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China | Thomas Peter / Reuters

Durante muchos años la mayoría de los miembros de la generación X[1] hemos imaginado a China como un país en desarrollo, sometido al poder de una hermética dictadura comunista, fabricante de productos de muy mala calidad y responsable del famosísimo programa Humor Amarillo, donde el ‘chino cudeiro’ hacía de las suyas ataviado con disfraces imposibles.

Quizá fuese parcialmente cierto, pero la historia, «émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir» en palabras de Don Quijote[2], nos indica algo más, y es que el Regreso al Futuro estaba ya en camino.

«Oculta tu fuerza, espera el momento»

Con este aforismo el gran protagonista de la apertura económica china, Deng Xiaoping, expresaba su intención de mantener a China en un segundo plano que permitiese el desarrollo económico del país y la superación de los diez años de Revolución Cultural de Mao.

Tras conquistar el podio como segunda potencia económica mundial, esos tiempos pertenecen ya al pasado: «nunca el mundo ha tenido tanto interés en China y nunca la ha necesitado tanto»[3]. En el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista, Xi Jinping manifestó su firme determinación de posicionar a China como «líder mundial en términos de fuerza nacional e influencia internacional» con el claro objetivo de «hacer grande a China de nuevo»[4] antes del año 2050.

Los movimientos de esta superpotencia en el plano internacional no son generalmente bien entendidos, pero si observamos el mundo desde una perspectiva china comprenderemos por qué actúa tal y como lo hace. De las enseñanzas de Confucio al socialismo con características chinas, de la Ruta de la Seda a la Belt and Road Initiative o del primer emperador Qin Shi Huang al actual Xi Jinping ¿ha cambiado tanto la República Popular China o, por el contrario, sigue siendo la misma en esencia?

Confucio (551 – 479 a.C), la raíz de la ‘cosmovisión’ china del mundo

Una perspectiva del mundo: del Todo bajo el Cielo de Quin Shi Huang al ‘One World, One Dream‘ de Xi Jinping

China es una de las civilizaciones más antiguas y únicas del mundo. Los chinos llaman a su país «Zhōngguó»[5], el orgulloso «Imperio del Medio» situado en el centro del mundo y sobre el que, como satélites, giran el resto de países[6].

Su secular aislamiento geográfico[7], además de proporcionarle defensa del exterior, ha llevado a China a ver el mundo desde un punto de vista único y particular. Entre estas particularidades, dos de ellas merecen ser detalladas:

En primer lugar su sistema de gobierno. Aunar a la enorme población de un territorio tan vasto en un proyecto común no fue posible sin la existencia de un poder central y autoritario que propició, en el año 221 a.C., la llegada del primer emperador, Quin Shi Huang, que resumió su concepción del imperio con la frase «Todo bajo el Cielo». Veintidós siglos después, este sistema de gobierno autocrático ha sido interiorizado de tal manera que forma ya parte del ADN chino[8].

En segundo lugar, una visión realista del sistema internacional bajo cuyo prisma China sigue considerándose una potencia imperial que, a diferencia del pasado, ya no puede confiar su seguridad en fronteras naturales.

Esta visión imperial es sintetizada por el presidente Xi Jinping[9]  en su conocido eslogan «Un mundo, un sueño»[10], reflejando una vez más la concepción china de gobernanza bajo la única autoridad de una persona o gobierno. Este Sueño Chino es, en palabras de Jinping, «el gran rejuvenecimiento de la Nación China», un sueño que «no sólo enriquece al pueblo chino, sino que también beneficia a los pueblos del mundo», lo que revela la intención final de China de restablecerse como el gran hegemón asiático, primero, y consolidarse como una potencia mundial después.

Quin Shi Huang, primer emperador de China (259 – 210 a. C)

Una perspectiva de la sociedad y el gobierno: del Confucionismo tradicional al socialismo con características chinas.

Uno de los elementos más inmutables de la civilización China ha sido su concepción de la sociedad. Mientras que la sociedad occidental reconoce sus raíces en la tradición grecolatina y cristiana, la sociedad china lo hace fundamentalmente en torno a los principios del Confucionismo[11] cuya asunción, durante milenios, constituye la lente a través del cual el chino observa la realidad.

Su fundador, Confucio[12], vivió en el siglo VI antes de Cristo, y ha sido sin duda el filósofo más influyente de la historia de China. Su doctrina trata, entre otras cosas, las relaciones y los roles de las personas en el seno de la sociedad: para Confucio cada individuo tenía un rol específico[13] debiendo de actuar éticamente de acuerdo al mismo. Desde esta perspectiva, la sociedad debía organizarse jerárquicamente y en torno a un gobierno central fuerte y moralmente superior. Esta concepción de la sociedad permitió a los emperadores alcanzar grados de gobernanza nunca vistos antes y constituyó la argamasa que acabaría fundiendo los distintos reinos del imperio.

A pesar de su relevancia, esta filosofía fue despreciada por la Revolución Cultural de Mao que la acusó de ser una «religión feudal que favorecía la opresión de las masas» y su exclusión  dejó a la sociedad china con un vacío moral y social difícil de llenar. El error de Mao fue quizás mayor, pues si analizamos los valores predicados por esta corriente veremos en ellos el fertilizante que permitió que la revolución comunista enraizase en China como lo hizo. Los valores sociales de ambos pensamientos son tan similares que podríamos llegar a la conclusión de que, quizá, China fuese de algún modo comunista antes incluso de que el propio comunismo existiese, gracias a Confucio.

La recuperación del confucianismo como filosofía nacional comenzó en la década de 1980. En 2014, Xi Jinping conmemoró personalmente el cumpleaños de Confucio en Pekín[14] defendiendo sus enseñanzas como un nuevo paradigma de la China moderna: «el comunismo predica que hay que servir al pueblo, Confucio dice que debemos contribuir a la sociedad y olvidarnos de los intereses propios».

El orden, la jerarquía, la asunción del rol asignado  y el reconocimiento de una autoridad central moralmente superior, constituyen hoy, como siempre, la perspectiva china de la sociedad y el gobierno. Queda sólo preguntarnos si el mencionado sueño mundial[15] de Jinping pretenderá la sustitución de nuestros jóvenes valores occidentales por un modelo que ha superado con creces la prueba del tiempo.

Ceremonia de conmemoración del 2569 aniversario de Confucio, en la provincia de Shandong (2018) | Xinhua / Wang Nan

Una perspectiva de la economía global: de la Ruta de la Seda a la Belt and Road Initiative

A salvo en sus fronteras naturales, la economía china siempre dirigió su mirada hacia el interior, esencialmente en torno al cultivo de enormes extensiones agrarias en un régimen feudal. El comercio de la seda y los productos manufacturados, principalmente herramientas, ha estado también siempre presente en su economía.

Para responder a la demanda de estos productos, China utilizó las rutas comerciales que, desde el siglo I a.C., conformaron la conocida Ruta de la Seda. Esta ruta comercial permitió la interacción económica y cultural del aislado Imperio Medio con las civilizaciones circundantes, especialmente con Occidente, y constituyó una extraordinaria fuente de riqueza para el país[16] de tal manera que, por riqueza, población y economía, China se convirtió en la mayor potencia económica a finales del siglo XIX.

La economía China retorna a sus orígenes. % del PIB mundial desde el año 1700 al 2008| The Maddison Project, University of Groningen, The Netherlands

Esta floreciente situación económica se vio truncada con la llegada de la Revolución Industrial, rechazada en China en virtud del ya mencionado sinocentrismo económico, y que acabó trasladando el eje geopolítico del mundo hacia Occidente: serían las potencias colonizadoras europeas las que habrían de dictar los deberes del mundo a partir de entonces.

El Siglo de la Humillación reveló que esa visión geopolítica aislacionista, aunque había funcionado durante siglos, ya no era una opción válida. A pesar de esto, cuando Mao Zedong llegó al poder en 1949, las políticas de aislamiento internacional tuvieron una nueva oportunidad. Su Gran Salto Adelante no mostró resultados causando, por el contrario, hambrunas y millones de muertes. Una vez más se demostró que la apertura al mundo era necesaria.

Consciente de ello y bajo el paraguas del socialismo con características chinas, Deng Xiaoping promovió en 1978 una serie de reformas económicas basadas en la liberalización del sector privado, la modernización de la industria y la agricultura y la apertura al comercio exterior. En palabras del propio Xiaoping, «No importa que el gato sea blanco o negro; mientras cace ratones, es un buen gato». Desde la introducción de estas reformas, el producto interno bruto (PIB) de China ha crecido un promedio del 10% anual.

La continuación de este proyecto viene de la mano de Xi Jinping con su «Iniciativa de Cinturón y Carretera», más conocida por su acrónimo en lengua inglesa “BRI” (Belt and Road Initiative), un cinturón económico (comercial y financiero) que reconstruye la antigua Ruta de la Seda y la potencia con una ruta marítima paralela de alcance mundial. Los resultados de este proyecto son, a grandes rasgos, la construcción y financiación por parte de China de aquellas infraestructuras que necesita un segundo país a cambio de su usufructo. La BRI tiene algunos aspectos controvertidos:

En primer lugar, muchos analistas observan que las fuertes inversiones chinas, en el marco de esta iniciativa en los países en desarrollo, son un nuevo Plan Marshall utilizado por China para inclinar el equilibrio geopolítico a su favor ejerciendo así una especie de «poder blando» mundial. Las donaciones chinas de material sanitario durante la crisis del COVID-19 podrían apuntar en este sentido.

En segundo lugar y a más largo plazo, esta iniciativa podría constituir una suerte de «Caballo de Troya Chino» en cuyo interior podría encontrase la intención de subvertir el orden liberal occidental, basado en el Estado de Derecho y el libre comercio, por un sistema de fuerte intervención estatal.

Por último, la ruta marítima del proyecto que pretende conectar el Oriente Medio con África, Europa y América Latina lo haría a través de instalaciones portuarias controladas y bases militares que reforzarían la capacidad de proyección del poder chino a lo largo del mundo, en el que China ejercería toda su capacidad de influencia al poseer o haber construido la mayor parte de la infraestructuras.

El aspecto más polémico a este respecto es la reivindicación de la línea de aguas territoriales del antiguo gobierno nacionalista chino y que trata de convertir de facto el Mar de la China Meridional en aguas territoriales chinas. La creación de islas artificiales con asentamientos militares, la puesta en marcha de un programa para la construcción de una marina moderna con capacidad de proyección[17] y la posterior aplicación de doctrinas «antiacceso/negación de permanencia» son las medidas más agresivas a este respecto.

La Belt and Road Initiative china | Mercator Institute for China Studies

De los Cien Años de Humillación a una Superpotencia Militar

Se conoce como Siglo de la Humillación al periodo de intervención capitalista comprendido entre el comienzo la Guerra del Opio de 1839 y el final de la Guerra de Corea en 1950 y el triunfo de la revolución comunista. Durante este período, China perdió un tercio de su territorio y las potencias coloniales se hicieron con el control de todos los puertos asiáticos, desde Corea hasta Vietnam. La quema del Palacio de Verano es descrita por algunos como la Zona Cero de China.

El mencionado retraso industrial y un Ejército Imperial anticuado, propiciaron la reducción del país a la más absoluta irrelevancia en el teatro geopolítico mundial y regional y constituyó una ofensa inaceptable para el orgulloso pueblo chino. Las profundas cicatrices dejadas en el imaginario colectivo, especialmente en el Partido Comunista Chino, están marcando todavía las líneas de acción de Xi Jinping: en el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, Jinping mostró su intención de modernizar la defensa nacional y las Fuerzas Armadas con el fin de realizar el «sueño chino»[18].

El crecimiento sostenido de dos dígitos a lo largo de las dos últimas décadas ha proporcionado a China los recursos económicos necesarios conseguirlo desarrollando un potente programa de modernización militar que convierta al Ejército Popular de Liberación (EPL) en uno de «clase mundial» para 2049.

Este EPL no representará una amenaza mundial inmediata y no podrá compararse con las Fuerzas Armada de los Estados Unidos o la OTAN pero le permitirá salvaguardar sus intereses en el extranjero y apoyar el desarrollo sostenible del país. En contraste con su pasado imperial, China no basará su defensa en un supuesto aislamiento geográfico, irrelevante hoy en día por otro lado.

China define su estrategia militar como de «defensa activa», una especie de oxímoron que se conceptúa como estratégicamente defensiva pero operacionalmente ofensiva. Aunque la historia ha dado a la Estrategia militar china un carácter distintivo de mínima violencia, la humillación no es ya una opción posible.

Conclusiones y algunas consideraciones finales

La forma en la que China concibe el mundo y su papel en él es, en muchos aspectos, el mismo que ha mantenido en el pasado: su lugar vuelve a ser el que fue, si bien, su capacidad de influir sobre los distintos actores globales (naciones e instituciones) se ha incrementado de manera nunca antes vista.

La forma en la que China persigue sus objetivos está, sin embargo, tan profundamente arraigada en su historia que su conocimiento es clave en la evaluación de cualquier crisis con este país.

Desde un punto de vista social y político, los milenarios valores del confucianismo siguen presentes hoy en día. Desde una perspectiva occidental, la democracia y los derechos humanos son un valor esencial; no ocurre lo mismo en China que, simplemente, no cree en ellos, al menos no de la manera en que lo hacemos nosotros. Una buena muestra de la particular visión china de los derechos humanos son los horarios de apertura de los negocios chinos en España. Considerados como «inhumanos» para muchos de nosotros, estos comercios, familiares en muchos casos y colmados de herramientas como en la Edad Media, permanecen abiertos casi las veinticuatro horas del día a pesar de que, a más de 9000 km de Pekín difícilmente puedan sus propietarios sentir presiones del régimen.

Muchos analistas creían que, a medida que la economía china avanzara y su clase media creciera, se haría más democrática; la verdad, sin embargo, es que Jinping acumula más poder que nunca, sin que se observen síntomas de preocupación por el régimen en la sociedad china.

Económicamente, China está a punto de recuperar el liderazgo indiscutible que tenía antes del periodo colonial. Para afianzarse como primera potencia económica mundial está construyendo la mayor red clientelar de la historia del comercio; una prueba de esto ha sido la dependencia del material sanitario chino que ha mostrado tener occidente y la propia España durante la crisis del COVID-19 y que ha permitido a China mantenerse como la potencia de mayor crecimiento económico.

Desde el punto de vista militar, sin embargo, se evidencian algunas diferencias con el pasado histórico del imperio inventor de la pólvora: en esta ocasión el desarrollo del Ejército Popular de Liberación chino no sólo garantizará la defensa de sus intereses estratégicos sino que no permitirá que los Cien años de Humillación puedan volver a ocurrir.

Queda sin embargo una pregunta sin respuesta: ¿Pretende China librar la «Guerra de las Ideas»[19]? El actual orden existente ha sido utilizado por China para crecer como lo ha hecho hasta ahora pero ¿podría su actual o futuro estatus geopolítico tentar a China a tratar de cambiar este orden?

Países con mayor deuda externa con China en porcentaje del PIB, 2017 | Statista

En primer lugar, aprovechando la dependencia comercial y financiera de China por parte de los países en desarrollo para exportar su modelo socialista. El sistema chino constituye, sin duda, una magnífica opción ‘de progreso’ para los gobiernos de aquellos países africanos o americanos en los que el sistema occidental no ha funcionado y a los que ofrece además la ventaja de no implicar indeseados abrazos democráticos. 

En segundo lugar, al tratar de imponer un nuevo orden comercial y económico al mundo, mucho más autocrático y menos libre, cuestionando el Sistema de Bretton Woods que lo rige desde la gran depresión del siglo pasado.

Librar la «Guerra de las Ideas» es siempre un juego arriesgado pues éstas, las ideas, crecen en el mismo suelo en el que hunden sus raíces los sentimientos. Aunque no sean siempre compartidos, los valores occidentales son tan incuestionables hoy en día que cualquier intento serio de modificarlos provocaría una respuesta única y clara de un Occidente todavía dividido e indeciso sobre cómo abordar la ‘cuestión china’. Abrir esa caja de Pandora tendría, en cualquier caso, consecuencias impredecibles y negativas para China.

Si China centra su estrategia en lo material e ignora estos conflictos ideológicos intentando alcanzar consensos con el resto del mundo que permitan, quizá, incorporar valores diferentes, entonces se consolidará no sólo como lo que siempre fue, el gran Imperio Medio, sino esta vez…

…como un Imperio Global.

VALENTÍN MARTÍNEZ BAZÁN es Capitán de Fragata de la Armada Española, Diplomado de Estado Mayor de las FAS y por la NATO Defense College (Senior Course) y posee el Máster de “Política de Defensa y Seguridad Internacional” por la Universidad Complutense de Madrid.


[1] Leer “La Diversidad Generacional en la Armada” del CN Enrique Cubeiro Cabello (Revista General de Marina, mayo 2018)

[2] Tras la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno Don Sancho de Azpeitia y el valiente manchego sostuvieron (“El Quijote”, capítulo IX).

[3] People´s Daily, periódico oficial del Partido Comunista Chino, con tirada internacional.

[4] “To make China great again”.

[5] La denominación “China” se estableció en el siglo XIX a partir de la denominación persa del estado de “Quin”, posteriormente traducida como “China” por los portugueses en el siglo XVI (Ancient History Enciclopedia, http://www.ancient.eu.)

[6] Fuente de Cobo, Ignacio, “¿Se convertirá China en una Potencia Agresiva?”. Instituto Español de Estudios Estratégicos  (IEES), Documento de Análisis 15/2017 (March 2017)

[7] Manchuria y Mongolia al Norte, Si Kiang al Este y el Tibet al Sur.

[8] En este sentido es interesante analizar la justificación del socialismo y la crítica a las “imperfectas” democracias occidentales que haría Jian Quing (cuarta mujer de Mao y figura clave de la Revolución Cultural) Para ‘Madame Mao’ las democrarcias se basan en el voto de personas con deseos “interesados”. Las decisiones tomadas con este sistema pueden servir a los intereses de mayorías particulares pero no tendrían necesariamente en cuenta las implicaciones morales de las mismas, lo que considera inaceptable.

[9] Tras ser nombrado Secretario General del Partido Comunista Chino (CCP) en 2012 y Presidente del país el año siguiente, Xi Jinping se ha consolidado en la cúspide de todas las estructuras de poder de la nación convirtiéndose en mayor líder político desde Mao Zedong, un verdadero “emperador” moderno.

[10] “One world, one dream”.

[11] Delios, Andrew y otros, “Understanding the Chinese”, Junio 2014, http://www.informit.com/articles.

[12] Confucio vivió como alto funcionario en el siglo VI antes de Cristo, durante la dinastía Zhou,  en un tiempo marcado por el caos y las guerras entre los distintos señores feudales. Por ello dedicó su vida a desarollar un código moral basado en el respeto a los mayors y a los ancestros y en la tolerancia, amabilidad y amor al prójimo.

[13] “Que el gobernante sea un gobernante, el sujeto un sujeto, un padre un padre y un hijo un hijo “. (Analectas, 12.11)

[14] Hoy en día,  en las proximidades del templo de Qufu, se encuentran a la venta ejemplares del “Libro Rojo” de Mao junto con las “Analectas” de Confucio así como figurillas de ambos autores.  Asimismo y desde 2011, una estatua de Confucio se alza frente a la de Mao en la “sagrada” plaza de Tiananmen.

[15] “One world, one dream”

[16] Aquel floreciente imperio quedó descrito con gran frescura y algo de exageración, por un fascinado Marco Polo en su conocido “Libro de las Maravillas”

[17] Por primera vez la Marina China cuenta con portaviones (2) entre sus unidades.

[18] “One World, One Dream”

[19]   Antulio J. Echevarria,  “Wars of Ideas and the War of Ideas”, Strategic Studies Institute of US Army War, June 1 2008. 2010). Se conoce como Guerra de ideas como la lucha o desacuerdo entre ideales, ideologías o conceptos por la que las naciones u organizaciones  tratan de influir estratégicamente  en favor de sus intereses globales.

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