Vuelven los poetas

Iván Redondo, durante una conferencia en Madrid | Xaume Ollerós

Políticos, vuestro saber es práctico. Un instinto felino se ha tenido que forjar en el fango del día a día. Sabéis bien que la autoridad no se aprende, se desprende, como el aroma del cabello femenino en una tarde primaveral. Pero un buen político debe saber cuándo soltarse el pelo y eso lo aprende saliendo de casa y distinguiendo entre invierno y primavera. En confinamiento o en libertad, leer siempre ha sido un salir al mundo, la perfecta simulación de las cosas: estaciones meteorológicas o relaciones humanas.

Jóvenes ambiciosos, preocupaos por vuestro futuro: la programación no es más importante que la literatura. Se terminó el papel secundario de las ‘letras’ en los colegios. En su libro Nosotros los modernos, dice Finkielkraut que “el lenguaje abre al hombre a otra verdad distinta de sí mismo. El ser es lo que exige poetas para que tengamos la experiencia del mismo”.

La literatura se hace con nuestro mismo barro, aunque trate de mundos y personas ajenas. Es el único anticipo posible de aquello a lo que debemos enfrentamos los mortales. Única imagen de este valle de lágrimas y el único anticipo de la práctica. Por eso será la principal asignatura para los que quieran aprender a vivir, pero también para los que quieran empezar a mandar. De hecho, la vida no se vive; se agarra y se domina con confianza y sin garantías. Construimos nuestro futuro con la misma incierta vehemencia con la que King o Rowling escribían sus primeras líneas sobornados por la pobreza y la desesperación.

Exponer un relato no significa ser relativista, y quizá haya llegado el momento de ponerse a componer mejores historias que las del progresismo

Iván Redondo y Pablo Iglesias confiesan haber aprendido de grandes series de televisión. La ficción en pantalla, el mejor reflejo de su política. De hecho, antes de vivir este catastrófico guion escrito con nombres de difuntos y parados, “la batalla del relato” ya se había puesto de moda en la política nacional.

Exponer un relato no significa ser relativista, y quizá haya llegado el momento de ponerse a componer mejores historias que las del progresismo. No porque la verdad carezca de fuerza, sino porque la verdad se propone y toda propuesta depende de las formas. La literatura es una forma de verdad también, ya la recomendaba Chesterton para aprender a matar dragones. Si toda política exige algo de relato, de ficción, de adorno y de escena, hay que aprender a hacer todo eso mucho mejor. Hay que crear a un San Jorge que mate de forma veraz, pero también verosímil, a los dragones del adversario.

Si Auerbach descubrió, en la Odisea y la Biblia, dos formas de vivir en el mundo, de apreciarlo, de relatarlo; nosotros estamos tardando en aportar nuestra impresión, aquello que apreciamos necesita un reflejo; unos escriban, otros actúen.

Ahora bien, la única condición para conservar la cordura, cuando todos los relatos se contradigan, consiste en leerlos todos y conocer sus flaquezas. Por eso la Literatura ha vuelto para quedarse, no le quitéis espacio en el colegio, pues lo está ocupando en el Congreso.


JAIME Á. PÉREZ LAPORTA