América Latina, vulnerable al terrorismo islamista

© Sputnik / Andrei Stenin

Como en su día lo fue para los nazis o los miembros de ETA, el continente americano es hoy un escondite perfecto para terroristas retornados de Oriente Medio. Es por ello que muchos expertos han alertado ya de la existencia de ‘células durmientes’ de Al Qaeda o Estado Islámico en la región, que estarían tomando el relevo de Hezbolá y financiándose gracias al narcotráfico.

El 18 de julio de 1994, una célula de Hezbolá, grupo terrorista chií libanés al servicio de Irán, atentó contra la AMIA, la mutual judía en Buenos Aires. Murieron 85 personas y 300 resultaron heridas. El cerebro de la operación, Salman Raouf Salman, jugó un papel importante en el asentamiento de la milicia islamista en la región, que con los años ha ido ganando poder, especialmente en la zona de la Triple Frontera (entre Argentina, Brasil y Paraguay).

Hezbolá mantiene relaciones fluidas con organizaciones narcotraficantes y con empresarios y políticos de la región, en gran medida gracias a la simpatía de los gobiernos de Venezuela, Cuba o Bolivia con el régimen de Irán. Rachel Ehrenfeld, experta en terrorismo y guerra económica, reportó que «las acogedoras relaciones que estos Gobiernos tienen con Irán facilita el libre movimiento de miembros de Hezbolá por la región, lo que les permite transportar drogas y productos falsificados».


Paramilitares de las FARC
© REUTERS / John Vizcain

Según ha infomado SECINDEF, una compañía dedicada a la consultoría y la prestación de servicios en el campo de la seguridad, la inteligencia y la defensa, más de 300 latinoamericanos habrían viajado a Oriente Medio desde Sudamérica o el Caribe desde la fundación del denominado Estado Islámico en 2014. 

«La amenaza del ISIS  es real en Latinoamerica —apuntó Douglas Farah, consultor de seguridad estaudounidense a El Confidencial— debido al proceso de auto-radicalización, así como al auge de los gobiernos bolivarianos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o el Salvador), que ignoran las reglas legales y la voluntad de trabajar contra los grupos terroristas». No es casualidad que Trinidad y Tobago (que en 1990 sufrió un intento de golpe de Estado por parte la organización islámica Jamaat al Muslimeen) sea el país del mundo con más miembros del ISIS ‘per cápita’, según información del New York Times.

Junto a las alianzas comerciales entre el crimen organizado y el terrorismo islamista, cobra importancia la convergencia ideológica entre éste y las corrientes populistas de izquierda.  A través de planteamisntos altermundistas, neoindigenistas y anticapitalistas, muchos grupos de izquierdas encuentran en el islamismo radical una herramienta para dar voz a su discurso antioccidental. 

Si bien es no es probable que el islamismo radical reúna en América Latina el poder del que dispone en Oriente Medio, conviene no pasar por alto su actividad de cara a desarrollar políticas preventivas contra el crimen organizado, sea cual fuere su naturaleza.

DIEGO MARTÍNEZ

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