La cagada de Rufián contra el españolismo

Gabriel Rufián en el Congreso / EFE / KIKO HUESCA

Gabriel Rufián lo ha vuelto a hacer. Esta mañana, con motivo de la polémica desatada ayer por el bufón Dani Mateo —que usó de pañuelo la bandera nacional o «trapo de bazar»— escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter:

El panfleto de agitprop separatista Elnacional.cat tituló el ridículo del diputado como La cargada de Rufián contra el españolismo (de ahí el título de esta breve nota aclaratoria).

No es la primera vez que el nacionalismo catalán acusa al Rey de hacer negocios de dudosa moral con el régimen saudí. Hace un año, días antes de la manifestación que conmemoraba a las víctimas del atentado de Las Ramblas, algunas corrientes de la CUP denunciaron que Felipe VI era responsable de «los tratos económicos, armamentísticos y geopolíticos que propicia con países como Arabia Saudita» y lo acusaron de ser «el culpable del ataque» terrorista. El remate final lo puso una pancarta desplegada en La Rambla que rezaba «vuestras armas, nuestros muertos».

Resulta difícil imaginar a nuestro Rey negociando con dirigentes saudíes la venta de furgonetas, cuchillos, cinturones explosivos y bombonas de butano, armas utilizadas en la ejecución o planificación de los atentados. Cuesta más decir lo mismo de Ada Colau, ese antropoide disfrazado de alcaldesa hippie que obvió los consejos policiales sobre unos bolardos que habrían evitado la masacre. O de unos mossos que, pese a las advertencias de la juez, no vieron nada sospechoso en las 120 bombonas almacenadas en un piso de Alcanar. Esos mismos mossos para quienes la nota de la CIA que reparaba en la posibilidad de un atentado inminente en Barcelona debió ser una intromisión intolerable en sus funciones, y por eso procuraron su misteriosa desaparición. ¿No tienen Rufián y la Generalidad nada que decir sobre esto?

REYES HOMENAJEAN VÍCTIMAS EN LA RAMBLA

Pero el ridículo rufianesco alcanza niveles esperpénticos cuando uno repara en un pequeño detalle: Cataluña —con competencia exclusiva en materia de comercio según el artículo 121.1 de su Estatuto de Autonomía— es la segunda Comunidad Autónoma que más factura gracias a la industria armamentística después del País Vasco. «Las Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, previo acuerdo de la Generalitat con el Estado, —señala el artículo 125.3—, pueden desarrollar funciones de comercio exterior y destinar recursos camerales a estas funciones». Pues bien, es Cataluña —hoy en manos de Quim Torra (investido gracias al apoyo de los de Rufián)—, desde donde se exporta la cuarta parte de las armas y la munición que vende España.

Para que se hagan una idea, Cataluña ha vendido armas por un valor de veinte millones de Euros a los países del Golfo desde que comenzó el ‘procés’ (además de otros 132 millones a los Estados Unidos). Sólo en 2016 facturó 44,7 millones de euros a través de la venta de armas a países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Congo, entre las que se destacan «bombas, granadas, torpedos, minas, misiles, cartuchos y demás municiones y proyectiles, y sus partes, incluidas las postas, perdigones y tacos para cartuchos», según ABC.

Se equivoca Rufián en dos sentidos: primero, al emitir una sentencia condenatoria que, indirectamente, lo presupone culpable de la ‘barbarie’ que censura. Segundo, al pretender que la ética gobierne donde debe imperar la política. Mantener nuestra —hoy cuestionadísima— política comercial con el régimen saudí es tan éticamente reprobable como políticamente necesario.

«Dicen que los americanos fueron a Irak por el petróleo. Pero ¿les parece poco?», dijo Gustavo Bueno a tenor de la Segunda Guerra del Golfo. Si el orden internacional tutelado por EE. UU estaba en juego entonces, no es difícil encontrar múltiples justificaciones (políticas) hoy a la cuestión saudí: 1.800 millones de euros, seis mil empleos y nuestra credibilidad internacional. Nada más. Y nada menos.

DIEGO MARTÍNEZ

Anuncios